Sepulcros sindicales

No le demos más vueltas. El descrédito de UGT y CC OO se ha convertido en consenso nacional por exclusivas como la que hoy desvela LA RAZÓN. ¡Qué ciegos y qué irresponsables aquellos que entienden que criticar a las elites sindicales es poco menos que situarse fuera de la democracia! ¿Acaso no hay motivos? ¿No son lo suficientemente pesados, sangrantes y escandalosos para los ciudadanos honestos y honrados, la mayoría de este país?

¿Debemos callar ante los atropellos cuando se acumulan uno tras otro formando una vergonzante montaña? ¿Debemos creer a quienes se llenan la boca de mentiras proclamando como farsantes que se ha lanzado una campaña dolosa de acoso y derribo contra los llamados agentes sociales?

¿Es de recibo que algunos gerifaltes de estas máquinas de depredar dinero público se hayan forrado de mala manera mientras aquellos a los que dicen defender –currantes hechos y derechos– están parados y con 60.000 de las antiguas pesetas para mantener una familia? ¿Es tolerable este miserable engaño, esta injusticia y este oprobio? ¿No nos damos cuenta de que a pasos agigantados los sindicatos de clase han convertido en algo cuasi marginal la auténtica defensa de sus afiliados y no digamos ya del conjunto de los trabajadores?

El «caso de los ERE» falsos revela simplemente que los elegidos para engrosar la aristocracia sindical no pasan de ser sepulcros blanqueados: aparentan por fuera lo que no son por dentro; pretenden comparecer hasta relucientes en el exterior cuando albergan podredumbre en sus entrañas; son inconsecuentes con sus ideas y dan amparo a formas varias de corrupción; se conducen como los que predican agua y beben vino; estos individuos de torcidas conductas son de los que «atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas» (Mt, 23:4).