«Sí» es «sí»... a Podemos

Necesita del cabreo, se nutre de él; cuanto más cabreo tanto mejor. No nos lo puede dejar más meridianamente claro el ex líder socialista, un «no» es un «no» a Rajoy, pero también un «sí» a Podemos. Eso es todo, así de sencillo. La animadversión de parte de la parroquia socialista de base hacia el Gobierno y hacia sus medidas –por mucho que acuerdos como el de las cláusulas suelo o contra la pobreza energética resulten positivos y pactados– es la gran baza, la única baza del ex diputado madrileño tras haber echado sus cuentas y ver «agua en la piscina». Veremos cuánta.

Pedro Sánchez se pasó un año en el que mediaron nada menos que dos elecciones generales con la matraca del «no es no» a todo lo que tuviera que ver con un gobierno de Rajoy y ha tenido que darse la circunstancia de su salida de Ferraz por la puerta de atrás y la posterior vuelta para optar al liderazgo vía primarias, bajo riesgo de tronchar el partido por su columna vertebral, para manifestar públicamente las que desde inicio eran sus intenciones reales, sólo reconocidas en el despecho de aquella entrevista con Évole y que no son otras más que el «sí», que es un rotundo «sí» a Podemos y al cortejo al independentismo, o lo que es lo mismo, a la única alianza que le garantizaría optar a su sueño de ser presidente del gobierno.

Barones, cargos territoriales intermedios, diputados y senadores allá donde se les pregunte sin un micrófono en mano coinciden en que el regreso de Sánchez a escena cabalga sobre el tigre de una más que probable vuelta a las lágrimas, los codazos y empujones y el «akelarre» retransmitido vía whatsapp a todo el país en aquel Comité federal de Octubre.

Sánchez tratará de pescar en el caladero de la contestación a todo pacto, sabedor de las plusvalías que reporta cualquier apoyo a la gobernabilidad por parte de la actual gestora tachada –como Felipe González el sábado en su natal Dos Hermanas– de traidora y de vendida. A más «cabreo», más nueces cayendo del nogal.

Las cartas en la carrera hacia la coronación en el poder del PSOE de cara al congreso del próximo mes de junio están cada vez más boca arriba y las del ex secretario general parecen muy alineadas con esa corriente del socialismo europeo que no gobierna, pero que ha hecho suyo con notable éxito en distintos procesos internos de primarias un discurso más alejado del pragmatismo de gobierno y más cercano al seductor mensaje de los populismos de izquierdas, de los que tanto sabemos últimamente en España.

Casos como el del laborista Corbyn en Reino Unido o el más reciente de Hamon en el partido socialista francés resultan indicativos. Ahora va a resultar que después de décadas pilotando junto a la derecha liberal el progreso y el Estado de Bienestar en Europa, la socialdemocracia pretende reinventarse con el «tuneado» de un acercamiento a los postulados «podemitas». Otra montaña pariendo ratones.