Sólo tenía encuestas

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Pese a lo que pudiera parecer, el gran perdedor de la moción de censura que ha llevado al Sr. Sánchez a La Moncloa no es el Partido Popular, sino Ciudadanos. Con un solo movimiento el Sr. Rivera se ha dado de bruces con la realidad: lo único que tenía eran encuestas.
A Podemos el nuevo tablero le viene como anillo al dedo, no tiene ninguna duda sobre su nuevo papel. En una semana hemos comprobado cómo su esfuerzo va a ir dirigido a golpear al PSOE en la línea de flotación para intentar liderar la izquierda política. El mejor escenario para el Sr. Iglesias es un gobierno socialista y un PP fuera de juego, para ejercer como única oposición y solucionar sus problemillas.
El Partido Popular tiene otra prioridad, su reconstrucción. Todo apunta a que el Sr. Feijóo será el próximo líder de los conservadores, aún no sabemos si será con una alianza con la Sra. De Cospedal, cuestión que sería deseable para la Secretaria General del PP si los números descartasen su victoria interna o con la Sra. Sáenz de Santamaría, que está dispuesta a esperar un poco más si su momento para liderar no ha llegado. Al final, terminará pactando con las dos.
Por otra parte, sigue teniendo 137 diputados que achicarán el espacio de oposición de los demás, ocupando gran parte de la actividad parlamentaria y el morbo de ver cómo muta de gobierno a oposición.
La recuperación electoral dependerá de la manera en la que haga su proceso de renovación, esta vez depende de ellos, no pueden responsabilizar a nadie. Tienen a su favor la experiencia de haber pasado por otras crisis internas y, en su contra, los odios que se generan en los partidos con un nutrido cuentakilómetros.
Sin embargo, como en el juego de la silla, quien se ha quedado sin asiento es el Sr. Rivera. Encantado de haberse conocido, justo cuando estaba practicando el posado fotográfico para cuando fuese presidente del Gobierno, el Partido Socialista le ha dado un empujón retirándole de la actualidad mediática y del protagonismo político.
Se ha puesto en evidencia la inexperiencia del Sr. Rivera en su lentitud de reflejos durante la semana de vaivenes previa a la moción, pero, sobre todo, en su incapacidad para salir del noqueo que le ha supuesto la nueva situación. Hasta el momento, había conseguido cuadrar la curvatura del círculo convirtiendo al PP en su adversario principal y, al mismo tiempo, sosteniéndole en el gobierno. Diseñó un particular combate en el que simultáneamente golpeaba a su rival y le sostenía en pie, abrazado a él como un púgil que juega a los puntos.
El resultado era espectacular: todas las encuestas le vaticinaban La Moncloa. Sin embargo, ahora tiene miedo y se le nota, duda entre centrarse en castigar al PSOE o ir a llevarse la herencia del PP. De momento, ya empiezan las voces críticas dentro de su partido. Algunos expresan sus dudas por la estrategia seguida el último mes y opinan que debe establecerse una relación de colaboración institucional con el Partido Socialista. Pero, también, está la otra parte de la organización, la que teme que el Sr. Sánchez refuerce su imagen y su actuación al frente del gobierno y coseche los éxitos suficientes para llegar fortalecido a la próxima cita electoral cuya fecha la decide, como es sabido, el presidente.
Decidan lo que decidan, será gestionado desde la cuarta posición electoral, con 32 diputados, que son los que tiene en la Cámara. Una vez más, al Sr. Rivera, la realidad le ha enseñado que una cosa son las encuestas y otra lo que tiene de verdad.