Soy lo mejor que me ha pasado

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En la actualidad, se vive de espaldas a la vida. Se soslaya la existencia de nuestra caducidad. Tal vez se deba a que el materialismo se basa en el «aquí y ahora», sin la proyección de un futuro que acabará por alcanzarnos. Quizá por ello mucha gente deja para mañana lo que podría haber vivido, amado, disfrutado... hoy. A veces, no hay un mañana porque ya nos fuimos. No somos eternos, lo cual no supone que no vayamos a disfrutar de nuestra vida.

Seremos efímeros, pero podemos ser extraordinarios. La vida se vive muy diferente según el ángulo desde el que se contempla. Para algunos, es un «valle de lágrimas» donde la mala suerte y la escasez suelen visitarlos e, incluso, quedarse a vivir con ellos. Para otros, la vida tiene sus «matices», sus días de sol y sus tormentas, pero no por ello dejan de ser felices.

Disfrutar de la vida o padecerla tiene que ver mucho con el grado de resistencia a la frustración y con el cómo organicemos nuestro mundo mental, las ideas con las que configuremos nuestra percepción de la realidad. Encarar la vida con alegría; darle la vara al destino para que sea benévolo con nosotros; tomarnos los desafíos como oportunidades, ver la enfermedad como el puente hacia la salud... Depende de la actitud.

Si el peor enemigo es uno para consigo mismo, también es su propio salvador. Con una actitud adecuada podremos salvarnos de cualquier cosa, crear milagros, sanar heridas emocionales, alcanzar sueños, aprender a amarnos y superar la depresión.

Si nos convencemos de que somos un milagro, así será. Como coach experta en PNL, enseño a la gente a practicar el «Soy lo mejor que me ha pasado»; tal vez así algún día en el mundo sólo haya amor, armonía, felicidad... Y nadie tenga ganas de fastidiar al vecino ni a sí mismo.