Terremoto a la vista

El Zapatero vasco. En el fondo y en la forma. Sin disimulo y poniendo las cartas boca arriba, Madina deja entrever ya con su presentación un estilo, un sello, un programa, unas prioridades y unas intenciones. Terremoto a la vista. O, como ustedes prefieran, vienen curvas si el joven Eduardo (aunque ya veterano parlamentario) se hace con las riendas del PSOE.

En efecto, la puesta en escena, el anuncio de shock, la apelación a la modernidad le convierten ya en una especie de epígono o heredero precoz del ex presidente del gobierno. ¿Qué significa shock? ¿Qué modernidad? ¿Estamos ante un nuevo proyecto en el socialismo que pretende darle un par de vueltas de rosca más al laicismo agresivo? ¿Ante una candidatura que va a convertir en ejes principales de actuación asuntos como el aborto? ¿Ante un nuevo líder que va a buscar poner patas arriba la actual forma de Estado para forjar una España asimétrica y guay? ¿Y a qué precio?

No nos engañemos. Bajo la apariencia de regeneración de este diputado ya con galones, late el sectarismo de quien ha apostado en ocasiones por una socialdemocracia que debe estar más pegada a los proetarras de Bildu que al centro-reformista del Partido Popular. Bajo el espejismo de quien propugna implícitamente apertura de miras, emerge la inquina con que ha tratado en numerosos episodios del pasado a «la derecha» o a «los conservadores». Casi siempre despectivamente, o mirando por encima del hombro, o restando legitimidad democrática a los dirigentes del partido de la gaviota.

¿De verdad esto es el futuro? ¿De verdad esto es un soplo de aire fresco? Lo dicho. Como Zapatero, pero con bastante menos talante.