Tiempos inciertos

La Razón
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Esta semana estrenamos legislatura, a ver si por fin vemos nacer un Gobierno. ¡Qué sopor! La desafección política va a más. Como nos citen de nuevo con las urnas, que se preparen para una cifra récord de abstención y un desencanto colectivo que a nadie conviene. El martes en el Congreso, eso sí, podremos comentar asuntos baladíes, como el estreno de Cañamero o la previsible reaparición de Bescansa con su bebé. Historias menores que nos aligeren estos días aciagos de golpes de Estado y ataques a todo lo democrático. Se nos acumulan los problemas. Para empezar, Turquía. Ese país tapón, que acoge deportaciones masivas de inmigrantes, ese socio estratégico de la OTAN se enfrenta a una situación incierta, extremadamente delicada. La manera en la que Erdogan reaccione a la intentona golpista marcará el futuro de su país y de la eurozona. Nuestro viejo continente, adalid de las libertades, asiste con estupor a cómo las pierde por momentos la aliada Turquía mientras, en paralelo, pandas de pirados se dedican a masacrar a multitudes aquí, en casa. Occidente libra una lucha asimétrica contra un enemigo invisible tantas veces para los servicios de inteligencia.

España sufrió varias décadas a ETA. Nuestras Fuerzas de Seguridad aprendieron de aquellos años de plomo, pero el 11-M, vencido el país en las vías del tren, conocieron al enemigo suicida Al Qaeda, y tuvieron que sufrir para saber cómo diablos frenar sus células terroristas, que matan matándose, en nombre de Alá. Desde aquel aturdimiento inicial hasta hoy España puede elevarse, con todas sus heridas de guerra, como potencia europea en la lucha antiterrorista. Aun así nunca estaremos a salvo, no en esta contienda. «Haz la yihad donde vivas», predican los radicales del Daesh desde las redes. Y unos cuantos lobos fanáticos, en Europa, ejecutan el mandato, atravesándonos las entrañas. Amigos, ya no solo estallan las calles de Irak, Libia o Siria. Ahora nos duele más. Aniquilaremos su califato. «Preferible atacarlos con libros que con bombas», me dijo hace poco Shirin Ebadi, primera musulmana Nobel de La Paz.

Cuando por fin despertemos de este bucle político, confío en que el nuevo Gobierno jamás escatime recursos para nuestras valiosas Fuerzas de Seguridad, ésas que nos protegen y hoy, con su experiencia, instruyen a los colegas europeos. Frente al enemigo yihadista, lamentablemente, habrá que seguir alerta, pero nunca renunciemos a vivir en libertad. Significaría nuestra derrota y su victoria.