Tragedia en África

Nuestros medios de comunicación, de manera comprensible, se ocupan poco de África. Los dramas sufridos por ese continente provocan la indignación y, a la vez, la pena más profunda en cualquiera con un mínimo de corazón. La semana pasada, me encontré con un viejo amigo de una nación africana. Más que negra, su piel parecía amarillenta mientras sus ojos redondos parecían, por las ojeras, platillos desportillados de café. «No te pu´e imaginá la situación en que e´tamo´», dijo a punto de romper a llorar. «Pero si tenéis un nuevo Gobierno...», intento consolarle ya que, en su nación, hace poco más de un año fue desplazada del poder una izquierda delirante. «Sí, pero e´ peó», gime desconsolado. «No puede ser», digo escéptico. «Lo é. Todo´ esperábamo que equilibrarían la´ cuenta´, que reducirían lo´ gasto´, que ayudarían a crear riqueza, que habría empleo...». «¿No ha sido así?», pregunto sorprendido. «No», responde mientras lagrimones como cocos le caen por las mejillas. «El mini´tro del fisco ha subido lo´ impuesto´ má´ de treinta vece´ en un año...», solloza. «No puedo creerlo», le digo. «No zólo eso. Zi no declara´ una cuenta en el extranjero, aunque zea legal, comete´ un delito que no pre´cribe». «¿Qué no prescribe?», indago totalmente incrédulo. «Zí, igual que zí fueras un genocida. Para el mini´tro del fisco da lo mismo en término´ penale´que haya´ asesinado a una tribu entera que el no declará una cuenta en Kenya». «Pues no deja de ser un disparate jurídico», concedo. «Zí, zí», prosigue mi amigo «y no é lo peó. Ademá fundó un despacho para asesoría de impuesto´. En e´te año, a pezá de la crizi´, ese despacho ha triplicaó su´ ingreso´». «¿Qué me dices?», exclamó escandalizado. «Y no é ezo tó. Ademá´ e´tán intentando que lo´ secesioni´ta´ del norte no se vayan del paí´ y para eso lé dan dinero y dinero de lo´ contribuyente´». «Pues menudo panorama», comento casi sin aliento. «La izquierda está aprovechando que hay má desempleao´ y ya no hay propiedá privada segura. O ze la lleva el mini´tro del fisco o te la ocupan los roho´». Guardo silencio. Mi amigo está casado, tiene esposa e hijos y, como es habitual en su país, atiende además a los suegros. Ha trabajado toda su vida como un esclavo y ahora ve que todo se lo llevan los políticos. Comprendo que llore o que incluso esté pensando en marcharse a Uganda. El único consuelo que tengo es que tragedias como éstas no pueden suceder en España.