Un temblor legítimo

La Razón
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El voto ciudadano es libre y soberano. Pero puede opinarse sobre ello. Ayer los socialistas se equivocaron. Eligieron a Pedro Sánchez para liderarlos y optaron por la vía inadecuada para ellos, el partido, y, lo que es peor, para España.

Han abierto una etapa presta a la convulsión y radicalidad, que afectará a las diferentes estructuras de nuestra nación: a la política, a la economía y a la sociedad, o mucho tendrán que cambiar él y quienes le han votado.

En lo político, se dispone a quebrar el escenario territorial. Primero, al inclinarse hacia la coalición con la izquierda radical y comunista, como si de un Frente Popular se tratara. Resucitar el «cordón sanitario» contra el Partido Popular será eje fundamental. Segundo, al haber anunciado su predisposición a escuchar a los separatistas catalanes aceptando que son una nación, aunque lo mezcle con el misterioso concepto de «nación cultural».

Sobre lo económico, su tendencia y la de sus nuevas compañías no ofrecen duda sobre el aumento incontrolado del gasto público, control del entremado del Estado y batalla total contra lo privado, por poner algunas evidencias de lo que pregonan. En eso es verdad que no engañan.

Todo ello provoca sin remedio unas consecuencias en la sociedad, indeseables para la mayoría de nosotros, que deteriorará el nivel de vida de todos menos, eso sí, de la clase privilegiada, los políticos en el poder. A la vez, rememorar la existencia de las dos Españas. Una favorecida (el favoritismo degrada a la colectividad) y otra maltratada si no perseguida, impidiendo a la vez su desarrollo a todos los niveles.

La victoria de Pedro Sánchez es legítima y el temblor de otros muchos también. Así es la vida.