Uno más

Una se hace mayor y vive acosada por recuerdos y nostalgias. Sobre todo cuando viaja. Y más aun si es en avión. No es sólo que ahora las azafatas sonrían menos y sean menos cariñosas (también ganan menos, para que nos vamos a engañar) o que haya que despelotarse cuando se pasa el control de seguridad..., es que ahora ¡Somos tantos en los aeropuertos! Viajar se ha democratizado y ése es el milagro. Pero con esa grandeza llega también el suplicio de la masificación, de los empujones, las faltas de educación, las mesas de los pésimos restaurantes del aeropuerto repletas y con lista de espera (tres pavos mirando a ver si acabas pronto...). Sin embargo y pese a todo, ni los años ni las circunstancias roban, cuando se va a subir al avión, esa sensación de estar en un terreno de nadie, repleto de incertidumbres, pero aun hospitalario, donde todo se reduce como si fuéramos gulliveres en la tierra de Lilliput y donde uno, sobre todo en los vuelos charter, es uno más, se ponga como se ponga. Con sus sueños, sus ilusiones, sus pequeñas miserias y sobre todo, con las ganas intactas de llegar a destino. Al ir, por la magia de cambiar de escenario y de esperar, aunque tal vez nunca se produzcan, toda suerte de acontecimientos. Al volver, por llegar a casa y recuperar los afectos de tantos que no pudieron ser compañeros de viaje. Viajo lleno de nostalgia, sí... Pero me sigue encantando viajar. Y volver. Y contar... Como a todos. Soy uno más.