Ángela Vallvey

Venezuela

La Razón
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Una característica de nuestra época es que casi todo lo que hacemos puede ser grabado, fotografiado y difundido incluso en tiempo real. Allá donde miramos, hay un móvil registrando... En el mundo se hacen miles de millones de instantáneas cada segundo. Así, tenemos una visión híper realista de lo que está ocurriendo en lugares donde, hasta no hace mucho, debíamos confiar en el relato de cronistas, medios de comunicación o en las personas involucradas en ciertos hechos. Ahora, como nunca, las imágenes valen más que mil palabras. Las imágenes son testigos. Así está ocurriendo en Venezuela, donde cada día es posible visionar los acontecimientos que acaecen en las calles, en las casas de los ciudadanos... El régimen de Maduro se desmorona y los detalles más minuciosos de esa caída se reportan al mundo. Hemos visto vídeos que dan fe de cómo unos siniestros motoristas planean por las calles armados y sedientos de violencia, disparando a sangre fría y acabando con la vida de muchachos que, simplemente, iban andando por las calzadas, camino de sus vidas. Ni siquiera son manifestantes contra el oficialismo, sino simples chavales que tienen la mala fortuna de cruzarse con esos escuadrones de la muerte mientras vuelven a casa. Hay grabaciones de policías dando palizas a señoras mayores y a jóvenes, sin mayor motivo que sembrar el miedo y la intimidación. Asesinatos, represión, infamia... retransmitidos en directo. La caída del madurismo no está siendo limpia ni rápida. A pesar de que en nuestros tiempos los acontecimientos parecen precipitarse, Venezuela camina hacia su destino a cámara lenta. El proceso no podía ser pacífico, pero nadie pudo adivinar el grado de patetismo que ha alcanzado, ni el sufrimiento que distribuye diariamente a los ciudadanos. La tragedia es el pan que el gobierno reparte a los venezolanos cada día. La represión es tan cruenta, y está siendo retransmitida al mundo de forma tan detallada, que es posible que esta sea la primera ocasión en que un cambio histórico violento, como el que está padeciendo Venezuela, levanta acta de veracidad ante la opinión pública mundial. No cabe una interpretación sesgada de lo que sucede, por mucho que se intente utilizar la ideología como filtro. Las imágenes desnudas de coerción sanguinaria están dando testimonio de la situación de un país maltratado, exhausto. Y la ideología no es un filtro de Instagram capaz de disfrazar, aseándola, la realidad dura, doliente y triste de Venezuela.