... y cierra España!

La Razón
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Aprovecho que hoy es la fiesta de Santiago Apóstol, patrón de España, día de ofrendas y peticiones, para permitirme algunas reflexiones sobre la actualidad política de nuestro país. Y la primera es que, al día de hoy, y que sepamos, –las cosas esta vez se llevan con más sigilo– Albert Rivera y Pedro Sánchez siguen sin cambiar su voto. Conclusión: Rajoy no tiene garantizada su investidura. Y, como el propio presidente en funciones advirtió, si en esta semana que no tenía los apoyos necesarios, la única salida sería ir a nuevas elecciones.

Pero cabe una segunda opción, opción de la que ya empiezan a hablar en Moncloa: el llamado gobierno de progreso con apoyo nacionalista. La suma PSOE, Podemos, PNV, Convergència, ERC y Coalición Canaria son 179 votos: una mayoría suficiente para la investidura aunque ciertamente complicada para gobernar.

Esta segunda opción es la que, hoy por hoy, más me convence, sobre todo por las declaraciones de este fin de semana de los partidos nacionalistas. El presidente del PNV declaró ayer que, si Rajoy fracasa en su investidura, Sánchez «debería intentarlo». Y los nuevos dirigentes de Convergència –con Artur Mas a la cabeza– han dicho, por boca de su coordinadora general, Marta Pascal que no apoyarán al PP «en ningún caso, ni con abstenciones, ni con un sí a los presupuestos». Dejando al margen la esquizofrenia nacionalista, que un día votan una cosa y a los dos días otra diferente, el dato que me lleva a pensar en el posible gobierno de progreso, son las recientes declaraciones de los barones socialistas: no quieren de ninguna manera nuevas elecciones; no quieren volver a correr el riesgo de que Podemos les supere; tampoco quieren de nuevo a Pedro Sánchez como candidato –más amortizado que el mismísimo Zapatero– y –aunque algunos propongan la abstención, otros se apuntar a intentar el ese gobierno imposible. Lo vimos en el último Comité Federal. Pero a todos –pro soberanistas o anti nacionalistas, les sigue faltando un dato para ese nuevo gobierno: el pacto con Podemos.

Es verdad que el partido de Pablo Iglesias recibió una cura de humildad el 26-J, y que su estrategia de sumar a IU tampoco funcionó. Pero lo que de verdad supuso para ellos el mayor fracaso fue no superar al PSOE en votos ni escaños. Era su momento, y Podemos sigue doliente. No hay más que ver las declaraciones de sus líderes este fin de semana para darse cuenta de lo profunda que es la herida.

Así las cosas, algunos socialistas del entorno de Pedro Sánchez: Óscar López, César Luena, la lumbrera de Logroño, y Antonio Hernando, piensan que las pretensiones de Podemos ya no pueden ser la vicepresidencia, cinco ministerios, y el CESID, sino simplemente los referéndums prometidos en Cataluña, Galicia y País Vasco, que reclaman los nacionalistas. Y ese es el auténtico problema del PSOE; esa es la cuestión que lleva dividiendo al partido desde que Zapatero empezó con sus juegos soberanistas. Y es que Pedro Sánchez podría abstenerse en la investidura de Rajoy, pero sería una carga de profundidad de mucho mayor alcance para el socialismo formar gobierno con unos partidos que tienen muy claro el motivo de su apoyo al PSOE. Ese es el debate interno que hizo que Susana Díaz no pactara con Podemos; sabía que quizá en un primer momento se jugaba el futuro de su partido en Andalucía, pero a medio se le iban a declarar independientes Cádiz, Córdoba y la Alhambra de Granada. Y ya entonces solo quedaría la reaparición de Santiago Matamoros para volver a cerrar España.