¿Y después qué?

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Ya lo creo que lo intentó inasequible al desaliento Carlos Alsina tratando de arrancarle ayer en Onda Cero al destacado miembro de la ejecutiva socialista Óscar López, un mínimo indicio de lo que pretende hacer el PSOE tras el intento fallido de investidura que comenzará casi con toda seguridad a concretarse en la primera votación de esta tarde. Después de escuchar a López responder que «tras el próximo viernes 2 el mundo no se acaba y la vida sigue» o «después del viernes llegan el sábado y el domingo» confieso, dando por hecho que el dirigente socialista no pretendía ofender a la inteligencia de Alsina y de sus oyentes, que sí consiguió hacer que el coche se me calara al escuchar tamañas reflexiones.

En este punto en el que nos encontramos, en el que toda la estrategia a corto plazo del PSOE de Sánchez –e insisto en este matiz– pasa por darse el monumental gustazo de ver «morder el polvo» a Rajoy en una investidura, la gran pregunta para quienes no quieren seguir viendo al presidente en funciones en la Moncloa pero a la vez dicen no querer terceras elecciones es la misma que se le formulaba a López en la radio y que inevitablemente adquirirá una mayor razón de ser este próximo sábado, «día después» del «no es un no» pero ya con el crono en marcha y quemando etapas hacia el barranco de una nueva disolución de las cámaras, ¿qué hará el PSOE para evitar terceros comicios? Descartando –que tal vez sea mucho descartar– que la dirección socialista no tiene plan ni alternativa más allá de la tierra quemada y el encadenamiento a los despachos de Ferraz, descartando también el gran pacto «batiburrillo» de izquierdas e independentistas y que, puestos a creerlo todo, la vuelta a las urnas se considerarían un rotundo fracaso, solo queda colegir que tras las elecciones vascas y gallegas y en función de sus resultados el partido socialista reconsideraría –que también es mucho avanzar– el envío de once de sus diputados al baño por incontinencia urinaria en una nueva investidura para que por fin haya gobierno.

Siempre será más positivo un gobierno surgido en octubre que unas terceras elecciones, pero en esa tesitura la formación que lidera Sánchez tendría que cerrar algo más que un superficial argumentario de los que ahora manejan Óscar López y compañía, para explicar porque se facilita en Octubre lo que se bloqueaba tan sólo un mes antes, con las consiguientes consecuencias derivadas de más semanas de tacticísmos.

Ayer Rajoy dejaba claro en su discurso de investidura que está dispuesto a gobernar, incluso a costa de ser políticamente achicharrado en una legislatura en la que Ciudadanos no le dejará sólo al PSOE el papel de oposición. La cuestión es muy sencilla. Si de verdad Sánchez no quiere nuevas elecciones ni erigirse en nueva «alternativa» de la mano de un pacto con Podemos y el separatismo, aún está a tiempo de ponderar el favor que le haría al país adelantando a esta semana la hipotética abstención de octubre.