Barcelona, capital universal del libro

La Razón
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Hoy, veintitrés de abril, aniversario de la muerte de dos literatos universales, Miguel de Cervantes y Willian Shakespeare, se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Libro, fiesta de la cultura por antonomasia que auspicia la Unesco. Toda las grandes capitales se abrirán al fenómeno de la edición y de la lectura, como el mejor vehículo para la convivencia en una sociedad informada, que es la que mejor garantiza el progreso en paz. Pero si hay una ciudad española y europea donde el Día del Libro adquiere la naturaleza de una fiesta popular, arraigada en el acervo ciudadano, es Barcelona. En efecto, el día de Sant Jordi, donde se combinan libros y flores o, lo que es lo mismo, conocimiento y afecto, es el paradigma de la búsqueda de la Unesco de esa imbricación entre la cultura y el pueblo que debe hacer mejor a la humanidad. De ahí que la candidatura presentada por la Ciudad Condal, clara y decididamente apoyada por el Gobierno, para que Naciones Unidas incluyan la festividad de Sant Jordi en la lista de Patrimonio Inmaterial de la Unesco, no sólo es merecida, sino que enviaría un mensaje esperanzador a un mundo excesivamente marcado por lo audiovisual, preso de la inmediatez y la liviandad de las nuevas tecnologías de la comunicación, en el que cada vez resulta más difícil hacer llegar los valores de la lectura a las nuevas generaciones.