Cae el independentismo

El desgaste del independentismo empieza a sentirse en las encuestas. Si en los últimos años su presencia en la calle era asfixiante –sobre todo en las convocatorias públicas de masa– y la vida institucional y política ha girado en todos los aspectos sobre cuál debería ser la agenda del soberanismo, resulta que esta hegemonía no se corresponde del todo con lo que los encuestados dicen pensar. Según el barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO), organismo dependiente de la Generalitat, un 50% por ciento de los catalanes votaría, en caso de celebrarse un referéndum, en contra de la independencia. Por el contrario, un 42,9% votará «sí», lo que supone un descenso del 1,2% respecto al último sondeo. Si en los momentos de mayor presión nacionalista se llegó al empate técnico, ahora es evidente que hay una tendencia a la baja de apoyo al separatismo. Hay un dato que debe tenerse muy en cuenta: aunque los partidarios de que Cataluña tenga más autogobierno alcanzan el 63%, un punto menos que en anterior sondeo, mientras que los que consideran que ya tiene suficiente autonomía ganan cuatro puntos, situándose en el 28%. Esta tendencia también se ve reflejada en el crecimiento del número de los que confiesan sentirse tanto españoles como catalanes. Pero en este sondeo existe un punto especialmente sensible para la última estrategia marcada por Artur Mas de convertir las elecciones autonómicas del 27 de septiembre en unas plebiscitarias sobre la independencia. Preguntados por el carácter que debe tener esta convocatoria, un 58,1% confiesa que el motivo para acudir a las urnas no es decidir sobre el «conflicto» entre Cataluña y el resto de España, sino sobre las soluciones que los partidos ofrezcan alte la crisis, algo, por cierto, que el Gobierno de Mas y, en general, los partidos que han secundado su agenda independentista no han contemplado como tema principal; es más, este «olvido» ha sido interpretado como una manera de derivar las responsabilidades de gestión de CiU –cuando todavía Convergència y Unió mantenían su alianza– a Madrid, como siempre. Sí puede adelantarse un hecho relevante: el fraccionamiento del electorado en Cataluña, de manera que, según la encuesta, CiU (se ignora qué pasará con la lista única que propone Mas) y ERC empatarían con un 13,3%; Podemos quedaría en tercera posición (10,8%), por delante del PSC (9,2%) y de los secesionistas radicales de la CUP (7,6%). Estos resultados dejan en evidencia un hecho: que en Cataluña podrían gobernar partidos que apenas superan el 13%, escenario político que estamos viendo ya en Barcelona. Sobre estos datos, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, se limitó a decir que los catalanes valoran «la garantía» de pertenecer a un Estado por encima de la inestabilidad que ofrece Mas.