Ciudadanos crece entre indecisos

La Razón
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La encuesta demoscópica del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), referida al mes de abril, confirma el fuerte crecimiento de Ciudadanos en la intención de voto de los españoles hasta el punto de que, de celebrarse hoy las elecciones generales, superaría al PSOE como segundo partido más votado. El sondeo mantiene en cabeza, con el 24 por ciento de los votos, al Partido Popular, pero con un fuerte y sostenido descenso en su nivel de apoyo, y deja a Podemos como cuarta fuerza parlamentaria, con una ligera caída del voto con respecto a las últimas elecciones generales. Una primera lectura de los resultados de este barómetro dejaría la equívoca impresión de que el partido de Albert Rivera consolida una tendencia al alza imparable, impulsado por el trasvase de votantes populares, que terminará por confirmarle como el nuevo referente del centroderecha español. Sin embargo, el mismo sondeo detecta una sensible reducción en el ritmo de crecimiento del partido naranja y, lo que es más significativo, una pérdida del nivel de aceptación de su líder, Albert Rivera, que ha pasado de ser el político mejor valorado en la encuesta de enero a caer al tercer puesto en la de abril. Para tratarse del dirigente de una formación política que no tiene responsabilidades de gestión prácticamente en toda España, es decir, que no sufre el normal desgaste de quien gobierna, ese descenso en la valoración puede ocultar un punto de inflexión en la marea creciente de Ciudadanos que no se debería pasar por alto. Respecto al Partido Popular, se caería en un error si se subestimara la gravedad de los datos, especialmente por la tendencia que revelan, pero tampoco conviene sobrevalorarlos, como si estos dibujaran un escenario irreversible. En primer lugar, porque la elaboración de los cuestionarios por parte del CIS se hizo entre el 1 y 10 de abril, en pleno estallido del escándalo del máster de la ex presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, con su considerable impacto negativo entre los votantes populares y, en segundo lugar, porque en las mismas fechas el Gobierno de Mariano Rajoy negociaba los Presupuesto Generales del Estado con el PNV, en un ambiente de tensión social con los nacionalismos, como demuestra que los encuestados que se declaran partidarios de un Estado unitario, sin autonomías, han crecido hasta el 19,5 por ciento. Ese rechazo al modelo autonómico favorecería en principio a Ciudadanos, al que se atribuye una posición más dura con los nacionalistas que la de los populares. Existe, por último, otro factor que puede modificar en las urnas el resultado del barómetro como es el elevado porcentaje de los encuestados –nada menos que un 21,3 por ciento– que se declaran indecisos o se niegan a contestar. La experiencia dicta que el «voto oculto» no favorece, precisamente, a los partidos emergentes. Para las dos principales formaciones de izquierda, PSOE y Podemos, el CIS muestra un escenario de estancamiento, muy acusado en el caso de los socialistas, que reducirían aún más su suelo –hasta el 20 por ciento de la intención de voto– y cuyo principal dirigente, Pedro Sánchez, no sólo baja en valoración política, sino que inspira poca o ninguna confianza a un 85,5 por ciento de los españoles, un resultado peor que el que recibe Rajoy. Para tratarse de un partido que está en la oposición, los resultados no llaman al optimismo sobre el futuro de la socialdemocracia española. En lo que respecta a Podemos, no sale de la cuarta posición, con el 19,6 por ciento de los sufragios, lastrado significativamente por la pérdida de apoyos de su confluencia en Cataluña. Esta es, sin duda, la foto política de España en abril de 2018. Ciudadanos crece, el PP desciende, pero resiste como primer partido, y casi una cuarta parte de los encuestados no dicen a quien votarán.