Opinión

Consenso en las líneas rojas

La Razón
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La primera reunión del recién elegido secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, con el presidente Rajoy puede calificarse de positiva y tranquilizadora en la medida en que afianza y prolonga el cauce de diálogo entre el principal partido de la oposición y el Gobierno, de vital importancia para afrontar los diferentes desafíos que afectan a la sociedad española. En este sentido, la cita de ayer ha servido para constatar un consenso básico sobre determinadas líneas rojas, que ni PP ni PSOE permitirán que se traspasen. Empezando por el desafío separatista en Cataluña. No se puede negar que la postura del PSOE, más allá de las declaraciones afectadamente equidistantes, ha sido hasta ahora impecable en los hechos. Los diputados socialistas han unido sus votos a la mayoría de la Cámara para rechazar todos los intentos del separatismo catalán de llevar a cabo un referéndum por la independencia. Que Sánchez ratifique esta línea de actuación envía un mensaje alto y claro a Artur Mas, especialmente útil a 48 horas de su cita con el presidente Rajoy. No cabe, pues, caer en equívocos cuando ambos políticos, desde la solidez de sus respectivos respaldos electorales, han dejado claro su rechazo a una consulta ilegal y reivindican con el mismo énfasis el principio constitucional de que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español. Conviene no perder de vista este consenso fundamental que, muchas veces, puede quedar oscurecido por el acomodaticio recurso a una indeterminada reforma federal, muleta a la que el PSOE y otras fuerzas de la izquierda vienen recurriendo para tratar de marcar diferencias con el supuesto inmovilismo del Partido Popular, como si éste último no hubiera acreditado una vocación autonomista mucho más arraigada de lo que la caricatura oportunista pretende hacer creer. Pedro Sánchez repitió ayer el esquema al trasladar a la opinión pública el contenido de su conversación con Rajoy. El problema es que la apertura del melón constitucional precisa de un consenso previo muy amplio y sólido sobre la propuesta de cambio que se pretende presentar a la aprobación de los ciudadanos. Es decir, cómo se articula el proyecto federalista, para el que ni siquiera hay consenso dentro de las propias filas socialistas, con el riesgo nada descartable de que se susciten otras propuestas de organización territorial en sentido recentralizador, opción que obtiene cada vez más respaldo en las encuestas periódicas que realiza el CIS. No se trata de ofrecer alguna «cosa», lo que sea, para contentar a los separatistas y aplazar el problema hasta otra nueva ocasión. Debería saberlo Sánchez y actuar en consecuencia. Porque los defectos de nuestro sistema autonómico, que los hay, sobre todo en el reparto de las cargas económicas, tienen perfecta solución dentro del actual marco legal.