Literatura

El Cervantes, en busca de una cultura común

La Razón
La RazónLa Razón

Hace unos días, el consejero de Cultura de la Generalitat, Santi Vila, dijo que la «cultura catalana es españolísima». Como era de esperar, estas declaraciones, llenas de sentido común –y, todo hay que decirlo, anticipándose al fracaso del «proceso»–, provocaron la reacción encolerizada de los independentistas. La cuestión que suscitaba es si en la biblioteca de un catalanista cabrían los libros de San Juan de la Cruz, Quevedo, Pérez Galdós, Machado, Valle Inclán o Lorca. Sin duda, debería ser así. Querer dividir una misma cultura en dos como quien pasa la guillotina es un trabajo de laboratorio en el que están empeñados los clérigos de la pureza nacional con el riesgo de crear un monstruo. Algo que acabarán consiguiendo si no se pone remedio. Debe imponerse la realidad de los hechos, y éstos son otros. La propuesta planteada ayer por Mariano Rajoy en el Patronato anual del Instituto Cervantes, presidido por el Rey, de que dicho organismo realice su próxima reunión en Barcelona incide en la normalidad de las relaciones que deberían imperar en el ámbito de la cultura. Debemos construir una biblioteca común de las letras españolas, donde estén Pla, Riba y Espriu junto a Azorín, Cernuda y Aleixandre. Prolongar esta incomunicación es una anormalidad que acabará pagando el conjunto de la cultura española.