Opinión

El cine que queremos

La Razón
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Hay que remontarse al año 1977 para hallar la misma cuota de pantalla que ha alcanzado en 2014 el cine español: un 25,5 por ciento. O lo que es lo mismo: 21 millones de espectadores y más de 125 millones de euros de recaudación. Ciertamente, buena parte de estas cifras corresponden al auténtico terremoto que ha supuesto la película de Emilio Martínez-Lázaro «Ocho apellidos vascos» –que aportó cerca de la mitad de los espectadores registrados–, pero sin desmerecer la contribución a este gran éxito de otra media docena de títulos –con «El niño», de Daniel Monzón, a la cabeza, y «La isla mínima», de Alberto Rodríguez, a la que todavía le queda un largo recorrido en las salas– que demuestra que el público español responde con entusiasmo al reclamo de un cine de calidad, alejado de maniqueísmos políticos y de las obsesiones temáticas. Así, esta reconciliación del cine patrio con su público natural se vio claramente reflejada en la celebración de la gala de los Premios Goya, una de las más brillantes que se recuerdan y de las que han cosechado mayor índice de audiencia. Divertida, despolitizada – salvo por la excepción del nostálgico Pedro Almodóvar, que se quedó en anécdota–, nuestra gran fiesta del cine dio lugar a una de esas paradojas que hacen tambalearse muchas ideas preconcebidas. Y es que la legítima reclamación de la industria cinematográfica contra el excesivo «iva cultural», que tuvo su lógico eco en el desarrollo de la gala y en el discurso del presidente de la Academia, Enrique González Macho, se producía, esta vez, en el año que mejor le ha ido a esa misma industria. Sería, sin embargo, erróneo extraer la conclusión contraria: que a mayores trabas impositivas, mejores desempeños, pero lo que sí parece cierto es que frente a la calidad, la originalidad y la sintonía con el espectador de las nuevas producciones, ese 21 por ciento de gravamen tiene una repercusión limitada. Ahora bien, una vez que España va superando los peores momentos de la crisis y se vuelve a la senda del crecimiento económico, conviene plantear la vuelta a la fiscalidad anterior, que, con seguridad, contribuirá a este relanzamiento del cine español al que estamos asistiendo, a ese cine que queremos y que venía reclamando desde hace mucho tiempo un público que, siempre, se muestra receptivo a las buenas películas. Aunque el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, fue el destinatario de los reproches, lo cierto es que desde su Ministerio se viene reclamando al titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, la rebaja del «iva cultural» para este ejercicio de 2015 y que, en cualquier caso, la propuesta se incluirá en el programa electoral de los populares. Pero, en definitiva, ha sido un magnífico año para la industria cinematográfica española y es algo de lo que todos nos alegramos.