El deber de conservar el 11-M en la memoria

Hoy, 11 de marzo de 2017, se cumple el decimotercer aniversario de los atentados terroristas de esa misma fecha en 2004, la peor matanza criminal en España y también en Europa. Aquella mañana fallecieron 192 personas y más de 2.000 quedaron heridas de distinta consideración, muchas con secuelas irreversibles. Todos ellos y sus familias serán recordados y homenajeados hoy en actos de las instituciones y de la sociedad civil, entre los que no pasará inadvertido el tañer de las campanas de las 731 iglesias católicas de la Comunidad de Madrid. Aquella fue una jornada trágica a las que sucedieron otras igualmente dolorosas porque la herida abierta por los terroristas islamistas fue tan profunda que aún hoy cuesta saber si ha cicatrizado. Pese a tantas décadas de lucha contra el fanatismo asesino, los españoles han sabido siempre sacar ánimo para no flaquear. Seguimos en pie y no olvidamos. Hemos contraído una deuda eterna con todos a los que les fue cobardemente arrebatado su don más preciado. Y también con sus seres queridos, que nos dan un ejemplo diario de entereza. Memoria, dignidad y justicia son un legado y un deber. Trece años después del 11-M, muchos de nuestros mejores hombres y mujeres combaten contra ese enemigo despiadado que es el yihadismo en múltiples frentes. Y al resto nos toca apoyar y honrar su sacrificio. Aquel día de marzo y los siguientes se convirtieron en un mandato para no desfallecer contra los verdugos de la libertad, la paz y la vida. Quieren aniquilarnos, pero estamos obligados a prevalecer.