Las CUP amenazan la democracia y la libertad

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La historia y la experiencia han demostrado que el tránsito por las instituciones democráticas no garantiza que una brizna de lo que supone el régimen de libertades, de sus derechos y deberes, prenda en una organización empeñada precisamente en socavarlo y destruirlo. Las CUP son el paradigma perfecto de esta involución, mejor degeneración, en nuestro país. Con seguridad, está gente, tan próxima y vinculada con el mundo de ETA –conviene no olvidarlo–, tienen sus iguales en los países de nuestro entorno; la diferencia es que sólo en Cataluña marcan la agenda política e institucional y, en ese sentido, el futuro de millones de ciudadanos por la cobardía y el envilecimiento de la administración separatista. Ayer, la CUP, con unas decenas de sus jóvenes, volvió a demostrar su carácter subversivo y enemigo de la democracia con la ocupación violenta de la sede del PP en Barcelona, apoyada con su presencia por la diputada Anna Gabriel y el ex diputado David Fernández. Se trató de una acción de extrema gravedad, insólita en un Estado de Derecho consolidado, pues la violencia, el matonismo, la coacción y la amenaza son propias del gansterismo que no de la política. Xavier García Albiol, presidente de los populares de Cataluña, que anunció acciones judiciales contra los autores, dijo que las CUP y Gabriel «son un grupo de fascistas que representan lo peor y más rechazable de la sociedad catalana». Ojalá que los ciudadanos lo tengan en cuenta cuando acudan a votar en la próxima cita con las urnas.