Las lecciones del atentado de Manchester

La Razón
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Hace una semana que el mundo despertó horrorizado ante la masacre yihadista en Manchester y Reino Unido sigue buscando respuestas. Una vez más, una cadena de despropósitos ha acabado en tragedia porque el MI5, el servicio de Inteligencia interior, tenía conocimento por diversas fuentes de que el autor del atentado se había radicalizado. Se ha puesto en marcha una investigación para determinar qué ha fallado y por qué Salman Abedi no había pasado del grupo de los 20.000 sospechosos al de los 3.000 investigados. Hay que llegar hasta el final para aclarar el motivo de que no saltaran las alarmas y no se descarta incluso que el asunto acabe en el Parlamento. No hay que olvidar que el FBI alertó en enero de que Abedi planeaba un ataque y que EE UU lo tenía en su lista de terroristas desde 2016. Una vez más, resulta obvia la necesidad de colaborar entre los servicios secretos de los países occidentales, una realidad que ni el Brexit ni la Administración Trump con sus filtraciones a la Prensa deberían contaminar en ningún caso. Baste decir que el año pasado los servicios de seguridad británicos accedieron medio billón de veces al banco de datos de la UE sobre crimen organizado y sospechosos de terrorismo; 16 consultas por segundo. Es evidente que no podemos erradicar una amenaza que muta cada día, pero los ciudadanos tienen derecho a exigir a sus gobernantes que den lo mejor de sí mismos para garantizar su seguridad. Lo contrario puede ser fatal.