Navarra

Navarra es la clave para Bildu

La Razón
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Nunca el que fuera brazo político de ETA ha tenido una posición tan ventajosa en Navarra como la que dispone ahora. Hay que decir antes que nada que la responsabilidad de este avance es responsabilidad directa de Pedro Sánchez y quedó absolutamente claro en la sesión de investidura de la socialista María Chivite como presidenta de la comunidad foral el pasado viernes. La abstención de EH Bildu fue la pieza que permitió que la mayoría constitucionalista representada por Navarra Suma –coalición formada por UPN, PP y Cs– fuera relegada y favoreciese un gobierno que dependerá del nacionalismo vasco, el que representa Geroa Bai –encabezado por el PNV– y la izquierda abertzale. Sus 17 diputados, de un total de 50, marcarán la línea a seguir y el objetivo político principal: incluir de lleno a Navarra en el proyecto de la construcción de la gran Euskal Herria. La pieza clave para esta paso son los antiguos representantes de la ilegalizada Batasuna, algo que quedó expresado por su portavoz con una soberbia –o no más que castiza chulería– para que no hubiera dudas y se tenga en cuenta su peso político real en esta operación en el futuro de la comunidad: «No olvides que presidirás Navarra por nosotros». Se lo estaba diciendo a la candidata socialista antes de ser proclamada, del mismo partido que quiere seguir gobernando en España. La insolencia de los abertzales de recordarle a la presidenta su debilidad está acorde con el avance de las posiciones del mundo proetarra, evidente en el País Vasco, pero también ahora en Navarra. Los actos de exaltación a los etarras tras cumplir las penas de cárcel y la advertencia de Otegi de que seguirá haciendo apología del terrorismo cada vez que unos de los 250 presos sea puesto en libertad es una demostración de que no quieren renunciar a las posiciones conquistadas: gobernar bajo los mismo principios que inspiró a ETA. Qué irresponsabilidad la del PSOE olvidar que la derrota de ETA debía suponer también la derrota de sus principios políticos. Un avance, además, sin renunciar en nada a las aspiraciones que marcó en su momento Otegi: incluir a Navarra en cualquier solución definitiva al «conflicto». Desde las elecciones autonómicas vascas de 2016, Bildu ha ingresado más de 2,4 millones de euros por las subvenciones que le corresponde en aplicación de la Ley de Financiación de Partidos, por participar en elecciones y obtener representación, incluso por gastos de seguridad. La inmoralidad que encierra ese comportamiento por parte de un partido que quiere acabar con el orden constitucional y la unidad territorial no es una sorpresa, saliendo de una formación que sigue sin condenar la violencia que acabó con la vida de 850 personas. Para Bildu ha llegado la hora de convertirse en una alternativa al PNV y asumir tareas de gobierno, por lo que Navarra se ha convertido en la pieza clave para mostrar su influencia. No dudamos de que pronto lo notará el gobierno de Chivite. Los de Otegi no han renunciado a dotar a los «territorios vascos» de una estructura jurídica, lo que puede encauzarse a través de la disposición transitoria cuarta de la Constitución, que supone una excepción de su artículo 145.1 «que no admitirá la federación de Comunidades Autónomas». No fue poco, pero aun y así no satifizo las aspiraciones anexionistas del PNV de unir Navarra al País Vasco, lo que provocó precisamente la abstención de los nacionalistas vascos en el referéndum de la Constitución. El papel protagonista que ocupa ahora Bildu volverá a poner encima de la mesa lo que ha sido algo que ha unificado el mundo del nacionalismo vasco. Parece que Pedro Sánchez desconoce o ignora esta historia.