Opinión

Obama da las gracias al Rey

La Razón
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La llamada telefónica de despedida que el presidente de Estados Unidos realizó anteayer al Rey es un gesto que va más allá de la cortesía protocolaria porque simboliza el hondo respeto que los mandatarios internacionales profesan a Don Juan Carlos desde hace casi 40 años. No en vano, Barack Obama ha calificado de histórico su reinado y le ha agradecido tanto su permanente defensa de la democracia como su empeño personal en estrechar las relaciones transatlánticas. En efecto, cabe recordar que nuestro Monarca ha mantenido un trato cercano con todos y cada uno de los inquilinos de la Casa Blanca desde Kennedy hasta el actual. Las relaciones bilaterales entre España y Estados Unidos, de cooperación y apoyo mutuo en diversos sectores, sobre todo en el de defensa, habrían sido menos fructíferas sin la intervención discreta y eficaz de Don Juan Carlos. No es ocioso recordar lo beneficiosa que ha resultado esta colaboración en la lucha contra el terrorismo, ya fuera el etarra o el islamista. Además, Obama también tiene motivos para la felicitación por el protagonismo del Rey en las cumbres iberoamericanas, foros en los que impulsó procesos de democratización y de desarrollo social en diversos países. El prestigio y la autoridad moral de los que siempre ha gozado el Rey en la comunidad hispanoamericana han sido un activo que los gobiernos norteamericanos de uno y otro signo han sabido ponderar en momentos muy cruciales para la estabilidad de la región. Por encima de las políticas concretas que ha tenido a bien cada gobierno español en materia internacional, Don Juan Carlos siempre ha sido valorado como un jefe de Estado fiable y un aliado leal a sus compromisos, con el que se pudo contar en la defensa de los principios democráticos. La llamada de Obama al Rey se proyecta también al futuro y apunta directamente a Felipe VI. Así como la visita de su padre a EE UU en 1976 cobró una importancia decisiva para la Transición democrática, la cita de Don Felipe en la ONU, a mediados de septiembre, permitirá su presentación mundial como nuevo Jefe del Estado y propiciará el primer encuentro con el presidente norteamericano, que a buen seguro simbolizará la reafirmación de la alianza entre dos naciones amigas. Si el legado de Don Juan Carlos ya es excepcional de puertas adentro, en política exterior deja un compendio de logros y virtudes que es la mejor guía posible para Felipe VI. Que el Monarca haya sido calificado con toda justicia como el mejor embajador de España revela la entregada dedicación, desde su primer minuto de reinado, a la promoción y la defensa de los intereses de España. No es exagerado afirmar que sin su concurso personal habrían fracasado algunos de los grandes proyectos comerciales en el exterior y no pocas de las inversiones extranjeras en nuestro país.