Cataluña

Pujol no colabora con la Justicia

La confesión de Jordi Pujol del pasado 25 de julio conmocionó a la sociedad catalana. En ella reconocía que tenía una cuenta con importantes sumas de dinero en un banco de Andorra. Quien gobernó Cataluña durante 23 años y se convirtió en un símbolo del catalanismo, e incluso de lo que debía ser un «buen catalán», resultó ser un presunto defraudador. De los misterios de aquel infausto comunicado todavía se sabe muy poco, entre otras razones porque el protagonista principal no está dispuesto a colaborar abiertamente con la Justicia. Ayer, el ex presidente de la Generalitat declaró en calidad de imputado por blanqueo de capitales y fraude fiscal en el Juzgado de Instrucción número 31 de Barcelona para dar explicaciones sobre el origen de su fortuna. Jordi Pujol i Soley ratificó lo que ya había dicho en su autoinculpación del verano pasado: ese dinero corresponde a una herencia paterna dejada por Florenci Pujol tras su fallecimiento en 1980. Insistió también en que no regularizó los iniciales 140 millones de pesetas dejados por su padre por la inestabilidad política del momento (volvió a recordar su paso por la cárcel), guiado por el mismo temor que su progenitor al dejarle esta suma de dinero: que la política es una profesión en la que es difícil ganarse la vida. De esta manera, Pujol negaba cualquier sospecha de que su cuenta andorrana tuviese que ver con el cobro de comisiones ilegales o cualquier otra forma de corrupción. Por lo tanto, de su declaración en los juzgados no se extrae nada nuevo respecto de lo expresado en el comunicado del 25 de julio. Tuvo la oportunidad de aclarar algunas cuestiones suscitadas por él mismo, como la existencia de un documento que estaría en poder de su esposa, Marta Ferrusola –titular de la herencia–, pero que ni siquiera aportó. La confusión no favorece en nada al ex presidente de la Generalitat ni arroja luz en un caso tan vidrioso. Para derivar responsabilidades, Pujol dio el nombre de un gestor, amigo y persona de su confianza, que administró la herencia y, supuestamente, responsable de que los 140 millones de pesetas iniciales se convirtieran en más de 500, pero que ya ha muerto... Lo único cierto del «caso Pujol» es que, según la investigación, la familia disponía de cuatro millones de euros, pero nadie sabe cuál es su origen exacto. En la comparecencia del ex presidente en el Parlament del pasado 27 de septiembre ya dejó claro que no estaba dispuesto a colaborar, ni con la comisión de investigación, ni con la Justicia. Además de abroncar a los diputados, insistió en que «no he sido un político corrupto», pero eso ya no basta. Hay que demostrarlo. Si nunca pensó que precisamente su comportamiento fuese a dañar tan gravemente el «proceso soberanista», mucho menos le importará ahora, en una situación tan complicada y siendo denostado por el nacionalismo, perjudicar el futuro político de su «delfín», Artur Mas.