Opinión

¿Qué hará ahora Podemos?

La Razón
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Podemos ha irrumpido en el mapa político español con un mensaje basado exclusivamente en la idea de echar a la «casta» y reemplazarla por unos nuevos representantes públicos de intachable trayectoria y comprometidos sin cuartel contra la corrupción. Se entiende que en cualquier estructura organizativa sus dirigentes deben ser el ejemplo a seguir de lo que se propugna. También para Podemos. Sin embargo, el partido de Pablo Iglesias ha tardado muy poco en dar muestras de que ellos no están obligados a cumplir esa máxima, por el sencillo axioma de que ellos no son la «casta». Pero no es así. Hace unas semanas, trascendió que el número tres y fundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, había facturado a través de una empresa instrumental 425.150 euros en concepto de trabajos de consultoría política para los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador –nada más y nada menos que sobre la implantación de una moneda única en Latinoamérica–, aunque nunca documentó estos trabajos, ni hay pruebas de que se han realizado. Aunque estos informes fueron realizados en 2010, no fue hasta 2013 cuando creó una empresa, de la que era único titular y accionista y sin empleado alguno, para facturar dichas asesorías, obligándole así a declarar el dinero a través del pago del IRPF, lo que hubiera supuesto un gravamen del 51,9 por ciento, y no a través del Impuesto de Sociedades, que es lo que realmente hizo. Durante estos días, Monedero retó al ministro de Hacienda en un tono provocador, aunque, todavía ahora, no ha presentado las facturas de los trabajos. Cuando en un mitin gritó «¡Montoro, me quieres meter miedo, no tengo miedo, tengo mis cuentas en regla!» estaba diciendo la verdad: acababa de entregar a Hacienda una declaración complementaria fuera de plazo, reconociendo así que había defraudado al fisco. Pero, claro, no todos los ciudadanos de «abajo» defraudan 200.000 euros. Ayer, Podemos admitió que Monedero había realizado la complementaria «sin que existiera ninguna notificación de Hacienda», creyendo que eso le exonera de responsabilidad. El comunicado de Podemos merecería ser estudiado en las facultades de Ciencias Políticas como ejemplo de manipulación del lenguaje cuando, por ejemplo, se dice que Monedero «opta por lo más favorable a Hacienda» para referirse a cumplir con sus obligaciones fiscales, como cualquier ciudadano. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, fue mucho más clara: «Si todos los españoles hicieran lo que hace Monedero, a ver cómo íbamos a pagar los servicios públicos». Sin embargo, Podemos ha seguido la estrategia de la vieja política que sólo ve la corrupción en sus adversarios, considerando que la suya propia, cuando aparece, responde a que está siendo víctima de una confabulación. No olvidemos que el partido de Iglesias ha pedido el endurecimiento de las sanciones contra el fraude fiscal a partir de 50.000 euros. ¿Qué hará ahora?