Rajoy ha llegado hasta donde podía llegar

La Razón
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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, explicó ayer desde Bratislava su postura en el caso de Rita Barberá y la negativa de la veterana política valenciana a renunciar a su escaño en el Senado. Dijo el presidente, y es verdad, que ya no tenía ninguna potestad sobre Barberá, una vez que ésta había pedido la baja en el partido, del que era, hay que recordarlo, una de sus fundadoras. El escaño de senador es, por ley, propiedad de quien lo ocupa durante el tiempo preestablecido y sólo la renuncia voluntaria podría apartar a Barberá del mismo. Todo lo demás que se pueda hacer desde el PP no dejan de ser apelaciones retóricas o gestos simbólicos, como la votación unánime en el Parlamento de la Comunidad Valenciana. El hecho es que, en el uso de los derechos fundamentales que le concede nuestro ordenamiento constitucional, Rita Barberá ha decidido reivindicar su presunción de inocencia, frente a la «presión justiciera» al uso, en palabras del ex presidente de la Junta de Extremadura, el socialista Juan Carlos Rodríguez-Ibarra. Quienes exigen a Mariano Rajoy que obligue a Rita Barberá a renunciar a su escaño deberían indicar también qué método se puede emplear. A lo mejor, piensan en algún tipo de presión más propio de las películas de espías que de la normalidad jurídica y política que debe regir un país. Rita Barberá ha dicho «no» a entregar su escaño y sólo ella puede cambiar de opinión.