Sánchez debe sumarse al diálogo entre Rajoy y Rivera

La Razón
La RazónLa Razón

El calendario de citas organizado por la Casa del Rey con los representantes parlamentarios para dilucidar el candidato al que se propondrá formar Gobierno ha convocado a Pedro Sánchez el próximo martes, varios días después de la reunión del Comité Federal del PSOE. Con esta decisión, Felipe VI demuestra que la institución que representa no es ajena a la situación política actual y a los tiempos de los propios partidos. La neutralidad del Jefe del Estado no sólo no se altera, sino que ayuda a que las propuestas de posibles pactos se desarrollen sobre bases sólidas. De esta manera, Sánchez gana tiempo para debatir en el máximo órgano de decisión del partido el envenenado ofrecimiento de Podemos para formar Gobierno, propuesta que tiene la oposición de destacados barones y otros notables del partido. La decisión que tome el próximo sábado el PSOE será trascendental para su futuro pero, sobre todo, para la gobernabilidad del país. No exageramos si decimos que el socialismo español vive su momento más crucial desde que, en 1979, Felipe González ató su destino político al hecho de que el partido renunciase al marxismo como ideología oficial. Hay una corriente de opinión que apuesta por un Gobierno de «amplio respaldo pactado», como así lo ha definido la Fundación España Constitucional, en la que participan ex ministros del PP, PSOE y UCD. Parten de que la situación política es de «extrema gravedad» –diagnóstico que habría que compensar con el hecho de que España ha retomado el crecimiento, las instituciones funcionan y la sociedad española está dando un ejemplo de madurez–, por lo que es necesario un gobierno de «dos o más» partidos constitucionalistas para acometer un programa que se llevaría a cabo al menos en media legislatura. El acuerdo, firmado bajo un estricto protocolo para su cumplimiento, se centraría en consolidar las política económica para salir de la crisis, poner freno a la «aventura independentista», aprobar una nueva financiación autonómica, desarrollar la inversión pública y privada, un plan de políticas sociales y una reforma de la Constitución, en concreto el Título VIII, con el objetivo de que nuevas competencias autonómicas consoliden la estructura territorial del Estado. En dicho pacto estaría incluida una comisión constitucional que en 24 meses culmine su trabajo. La propuesta es ambiciosa, a la altura del momento que vivimos, como tal debe ser tenida en cuenta y gestionada por los actuales líderes políticos, a los que se les exige actuar con «generosidad, diálogo, concordia, realismo y tolerancia». Se trata de recuperar el «espíritu de la Transición», sin mitificarlo, sin mimetismos que serían contraproducentes (el pacto por el pacto es acomodaticio, endogámico y poco ambicioso), pero siendo conscientes de que hay que reforzar las instituciones frente a los enemigos de la democracia parlamentaria. PP y Ciudadanos están dispuestos a dialogar sobre un base sólida y creíble. Es hora de que el PSOE se abra también a estos contactos, con un programa realizable y que sumen sus votos, o permitan un Gobierno que, a su vez, haga suyo el valor de su apoyo. El PSOE debe aprender de la lección de la socialdemocracia alemana, que puede aliarse en los «länder» con la izquierda radical de Die Linke, pero evita por todos los medios que este partido pueda acceder al gobierno federal. Esa es una de las claves de la «Grosse Koalition» alemana, un experiencia que ensancharía el terreno de juego de la política española.