Trump sacude los pilares de la democracia

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El aspirante republicano, Donald Trump, amenaza con llevarse por delante uno de los pilares que ha sostenido la democracia estadounidense durante 240 años de historia. En el tercer y último debate que le enfrentó a su rival demócrata, Hillary Clinton, Trump declaró que no se compromete a aceptar el resultado de las urnas; lo que equivale a decir que no se fía de la limpieza de un proceso que puede estar amañado para favorecer a Clinton. Ningún candidato presidencial ha osado afirmar una barbaridad semejante. Trump ha sacudido una de las fortalezas de la democracia americana y del resto de países libres, la que reside en la garantía de un traspaso de poderes pacífico. Las sospechas que arroja sobre todo el proceso son en verdad peligrosas. Sembrar la duda sobre el sistema es la herramienta preferida por el populismo más zafio, aquel que ataca cuando se ve acorralado e incapaz de conquistar el poder jugando limpio. Las teorías de la conspiración de Trump han coincidido con sus momentos más bajos de popularidad, pero ayer fue demasiado lejos. Socavar la democracia no va a conseguirle más votos ni a él ni a su partido. Más bien al contrario. Cabe la posibilidad de que las palabras del candidato despierten a un electorado anestesiado tras una campaña plagada de insultos y les haga reaccionar. Hay mucho en juego.