Ha muerto un galán como los de antes

Arturo Fernández, fallecido ayer a los 90 años, fue uno más en la inmensa mayoría de las familias españolas. Ese galán impostado, de amable condición, atrevido, tal vez, pero incapaz de una acción baja o inmoral. Humor blanco, pícaro, rozando, si acaso, la escatología, con el que llenó durante cinco décadas los escenarios y las pantallas españolas. Ha muerto, casi, al pie del cañón, representando el papel de caballero seductor que le era más propio. Aquel en el que todos somos ya de la misma edad. Descansa en paz, maestro.