Opinión

Pablo Iglesias en su papel de demagogo

La Razón
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Ni siquiera desde la praxis marxista, la misma que fomentó la figura del estajanovista y del intelectual al que se enviaba a cortar caña de azúcar para el bien colectivo, es posible entender la posición del líder de Podemos, Pablo Iglesias, ante las donaciones que la Fundación personal de Amancio Ortega hace, previo acuerdo con las distintas consejerías autonómicas de Sanidad, para mejorar la lucha contra el cáncer. Pero, claro, hablamos de filantropía, en el sentido occidental del término, lo que el populismo de izquierdas entiende como limosna indigna, siempre y cuando el dinero no vaya a parar a una de sus variopintas organizaciones incrustradas en el llamado tercer sector. Pero una cosa es la demagogia y otra, mucho más grave si viene de un político que aspira a gobernar, es la insinuación implícita de que el empresario no ha cumplido sus obligaciones con Hacienda. Se trata de una acusación falsa que, sin embargo, permite adivinar qué futuro espera a los creadores de riqueza en España si llegan al poder individuos con la ideología de Pablo Iglesias. Con una cuestión añadida. Que en una sociedad libre, con el dinero, limpiamente ganado, un empresario de éxito como Ortega puede hacer lo que considere mejor.