
El Trípode del sábado
El «lodazal Aldama», mayor que el de Paiporta
Sus declaraciones a la salida de la prisión, en referencia a las respectivas de Sánchez, al que calificó de «mitómano» y de «padecer de Alzheimer» y que le ayudará a curarla mediante las pruebas de que dispone, no son para tomárselas a broma precisamente
La declaración de Víctor de Aldama en sede judicial, a petición propia y con la voluntad de colaborar con la Fiscalía para aliviar su situación procesal de prisión provisional, ha provocado un seísmo –de magnitud considerable en la escala de Richter–, en el escenario político nacional. Aunque la legislatura sanchista, que debía recuperar «la calidad democrática de nuestro sistema político» puesto en riesgo «por la corrupción del PP» –según José Luis Ábalos, portavoz de la moción de censura en el Congreso (…)– se encuentra sumida en una sucesión de casos y causas, políticas y judiciales, por presuntos delitos vinculados a corrupción política. Si son graves los casos que afectan al círculo familiar íntimo de Sánchez y de cercanos colaboradores suyos, el caso Aldama ha supuesto alcanzar el clímax en la materia. Es cierto que de momento no ha aportado ninguna prueba –al menos que se conozca– que acredite la veracidad de sus denuncias, pero pese a ello, hay hechos que apuntan en otra dirección. No debe olvidarse que ha comparecido a petición propia y como colaborador de la justicia y que tanto la Fiscalía como el juez han acordado su inmediata puesta en libertad, lo que sería incompatible con una mera declaración que hubiera estado basada en «bulos y fango» de mentiras, injurias y calumnias. Abunda en esta interpretación, que tanto el juez como la fiscalía anticorrupción de la Audiencia Nacional, sin duda conocen los sumarios (secretos) del «caso Koldo» y del fraude del IVA, y por tanto de los correspondientes informes de la UCO aportados a las causas, como policía judicial. Por supuesto, de no guardar relación alguna sus acusaciones con esos contenidos, su declaración estaría más próxima a ser delictiva que a proporcionarle la inmediata salida de Soto del Real como ha sucedido. Por otra parte, sus declaraciones a la salida de la prisión, en referencia a las respectivas de Sánchez, al que calificó de «mitómano» («embustero patológico») y de «padecer de Alzheimer» (pérdida de memoria) y que le ayudará a curarla mediante las pruebas de que dispone, no son para tomárselas a broma precisamente. El balance a día de hoy es que Aldama ha colocado a La Moncloa y a Ferraz al pie de los caballos en cuanto a su honradez y credibilidad ética, moral y política. Las acciones judiciales por injurias y calumnias de Sánchez, Ábalos, Koldo, Santos Cerdán, Ángel Víctor Torres, Montero, etc., son obligadas y deben contribuir a ver la luz de la verdad. Pero el sanchismo se encuentra sumido en un auténtico lodazal, del que le va a resultar más difícil huir que del de Paiporta.
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