Tribuna

La prensa en peligro

Con leyes especiales no se busca la mejora de la prensa sino su control

Pedro Crespo de Lara
La prensa en peligro
La prensa en peligroRaúl

Cuando la libertad de prensa se resiente todos los demás derechos se conmueven y debilitan. España, que admiró al mundo por su cordura en el paso de la dictadura a la democracia y que tras la Constitución de 1978 alcanzó un grado de libertad de expresión comparable al de las democracias más avanzadas, sufre hoy dos graves crisis, una política y otra informativa.

La primera es fruto de la política insensata de un gobierno sectario que divide y enfrenta a los españoles, acosa a la justicia, y compra a precio de infamia el voto de los independentistas para continuar en el poder; la segunda está dañando la libertad de prensa, pilar básico de la democracia: el gobierno de Pedro Sánchez maneja sin rubor y en su favor la Agencia EFE y RTVE.

Este gobierno y los anteriores son culpables de no haber dotado del correspondiente estatuto de autonomía a estos órganos capitales para la información de nuestro país. Y, dicho sea de paso, mejoraría la salud democrática si desaparecieran junto con las televisiones autonómicas para que la Prensa fuera, como en EEUU, un contrapoder directamente emanado de la sociedad frente a los poderes del Estado.

¿Con qué criterio administra el gobierno de Sánchez la publicidad estatal tan importante para la salud de la empresa periodística privada? Esta empresa, a diferencia de la pública, corre el riesgo de la quiebra incrementado hoy por la revolución de Internet. No parecen mal tratadas las empresas que bien sirven los intereses gubernamentales, mientras que las otras, las que luchan gallardamente por su independencia y destapan lo que estaba oculto, a esas el presidente Sánchez las tacha de extrema derecha, maquinistas de bulos y difusoras de infamias.

Pues, así las cosas, y a la espera de lo que el presidente Sánchez esconde tras la anunciada agenda de regeneración democrática, bueno será recordar: que España padeció censura previa de prensa desde 1938 a 1966. Tal oprobio fue sustituida por la llamada ley de Fraga que trajo alivio y esperanza. Pero al tiempo que declaraba la libertad de prensa la sometía a las limitaciones del célebre artículo dos, tan imprecisas y abstractas que convertían el ejercicio de dicha libertad en un caminar por un campo de minas. No obstante, los periódicos fueron ganando día a día espacios para la libertad y la libertad triunfó al fin con la Constitución de 1978. En poco tiempo situó España algunos de sus periódicos entre los diez mejores de Occidente.

No faltaron intentos en los sucesivos gobiernos de promulgar nuevas leyes de prensa a pretexto de evitar desmanes de esta. Se rechazaron con la sabia máxima siguiente por todas las democracias aplicada: la mejor ley de prensa es ninguna. ¿Quiere decir que la prensa puede y debe desenvolverse impunemente? No. La prensa, los periodistas, como las demás instituciones y los demás mortales están sometidos al imperio de las leyes. Si un medio informativo delinque con noticias falsas, bulos, calumnias, injurias u otros comportamientos ilícitos los tribunales de justicia restablecerán el orden perturbado. Pero además existe un remedio inmediato: el derecho de rectificación, que pone al alcance de quien considerando inexacta una información que le perjudica la facultad de dirigirse al director del medio de comunicación del caso para que rectifique.

No, no hay inocencia en esta materia. Ningún gobierno ha pretendido con leyes especiales la mejora de la prensa sino su control.

Tajantemente lo entendió y resolvió la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos: no se promulgará ninguna ley que limite la libertad de prensa.

Estamos avisados.

Pedro Crespo de Laraes Académico Numerario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España