Cuidado con el lenguaje

El periodista y académico Juan Luis Cebrián aseguraba la pasada semana en una conferencia pronunciada en Chile que «los medios digitales cambian la forma de hablar y de escribir; en los mensajes instantáneos, hay una gramática diferente y una sintaxis diferentes. Obviamente está cambiando y lo que convendría es normativizar; no dejarlo al libre albedrío, si no queremos que el idioma se fragmente».

Sin duda, las generaciones más jóvenes –aunque no sólo– utilizan un lenguaje distinto cuando se comunican vía WhatsApp o cuando escriben en Twitter o cualquier otra red social. La limitación de caracteres, la rapidez con que se suelen escribir estos mensajes y la propia necesidad existente a estas edades de compartir códigos propios han llevado a construir abreviaturas, prescindir de las vocales, sustituir los dígrafos por una sola letra...

«Resulta que ahora 'tq' significa te quiero o 'xq' significa porque, y si debe ser así, hay que normativizarlo para que efectivamente sea así para todo el mundo», afirmó Cebrián, que insistió en que es necesario que las academias «estén atentas ante este fenómeno que es muy extenso y creciente».

Precisamente para abordar esta situación, la Fundación del Español Urgente (Fundeu BBVA) inauguraba ayer miércoles el IX Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, cuyo objetivo fundamental es tratar de averiguar hacia dónde llevan a nuestro idioma internet y las redes sociales.

Costumbres como eliminar los signos de apertura en interrogaciones y exclamaciones, el uso de emoticonos y abreviaturas son muy habituales en mensajes informales, aunque no aún en el resto de ámbitos. ¿Podría llegar este tipo de lenguaje a extenderse al resto de textos escritos, incluidas las informaciones periodísticas?, ¿acabaremos viendo en un titular «xq» o «pq» en lugar de por qué, para abreviar?

La progresiva desaparición de las fronteras entre dos mundos hasta ahora claramente separados, los del lenguaje oral y el escrito, es uno de los peligros que acechan a nuestro lenguaje y, según recoge Fundéu, «algunos especialistas creen, por ejemplo, que en pocas décadas dejaremos de usar los teclados y nos comunicaremos con las máquinas casi exclusivamente a través de sistemas de dictado y reconocimiento de voz mucho más precisos que los actuales, lo que podría suponer una creciente oralización de lo escrito».

Sin embargo, el lingüista David Crystal, en su artículo «Internet y los cambios en el lenguaje», opina que lo que se escribe en correos electrónicos, chats, redes sociales o mensajería instantánea, «aunque expresadas en escritura, manifiestan varias características propias del habla. Están gobernadas por el tiempo, esperan o exigen una respuesta inmediata, son transitorias, en el sentido de que pueden ser borradas inmediatamente (como en los emails) u olvidarse conforme desaparecen de la pantalla (como en los chats), y sus manifestaciones poseen mucho de la urgencia y la energía propias de las conversaciones cara a cara».

Por tanto, no parece probable que esas mismas personas, a la hora de redactar un trabajo, un artículo periodístico o cualquier otro tipo de texto escrito lo hiciesen del mismo modo que si lo hiciesen en Twitter o en un chat.

En cualquier caso, y como decía Juan Luis Cebrián, sí será necesario que la RAE esté especialmente pendiente de este fenómeno y cuidar que esa frontera que separa el lenguaje oral del escrito no se traspase a la ligera.