Historia

De las encartaciones al Nuevo Mundo

Las Encartaciones, en las provincias de Vizcaya y Burgos, se extienden a la izquierda del río Nervión, entre los montes de Ordunte y el mar Cantábrico; un mundo paisajístico de colinas redondeadas, recubiertas de abundante vegetación, entre las que fluye una potente red de avenamiento, con el eje principal del río Cadagua, que desagua en el Nervión. En el extremo noreste de la comarca se hallan las minas de hierro más ricas de España: los yacimientos de Monte Triano y Matamoros. Antiguamente agrícola y ganadera, experimentó un fuerte cambio gracias al desarrollo de la minería, al crecimiento del puerto de Bilbao y al descubrimiento y poblamiento de América. Su centro capital es Valmaseda, fundada por el Señor de Bortedo, natural del Valle de Mena. Es un terreno montuoso, con árboles duros, canteras de mármol oscuro, fértiles vegas y valles preciosos: Carranza, Trucios, Arcentales, Zalla, Sopuerta, Gordejuela, Güeñes, Galdames, Somorrostro, Mena, Ayala.

He tenido el honor y el privilegio de conocer una familia de apellido Garay, de injerto y asentamiento en América: Jonathan Garay, ganadero y carnicero en el Valle de Mena. Un apellido extendido en el inmenso continente americano en tiempos del arriesgado primer poblamiento español. La ponderación matemática que puede hacerse para analizar el peso de los hombres de las Encartaciones en la población española de América es imperfecta. Ramón Carande estimó que entre 1509 y 1559 hubo 21.365; Guillermo Céspedes del Castillo evaluó 15.480. El cronista López de Velasco concluyó en 1574 su «Geografía y Descripción Universal de las Indias», en la que se registran 225 ciudades y villas españolas, en las que residían 23.000 vecinos, con una unidad vecinal de media de seis miembros. En el siglo XVII, en el «Compendio y Descripción de las Indias Occidentales», fray Antonio Vázquez de Espinosa consignaba 77.600 vecinos con el mismo multiplicador. Indudablemente son muchos más los Garay. En el siglo XX, el rey Alfonso XIII nombró Alcalde Madrid a José María de Garay, conde del Valle de Suchil.

En el mundo americano hay dos Garay destacados en los primeros focos de poblamiento. En Santo Domingo de Guzmán, primera ciudad de La Española, en el archipiélago de las Antillas descubierto por la flotilla capitaneada por el Almirante Colón, que avistó las islas de Dominica, Cuba, Puerto Rico y una cuarta bautizada como Santiago, pero que terminaría conociéndose por el nombre indígena de Jamaica. Aquí alcanzaría alta importancia Francisco de Garay, que llegó a ser gobernador de Jamaica.

El otro, Juan de Garay, fue el segundo fundador de la ciudad de Buenos Aires, que sabemos es nacido en Villalba de Losa (Burgos). Sobrino de Pedro de Zárate, participó primero en la fundación de la ciudad de Asunción, desde donde formó una expedición que bajó hasta el emplazamiento de Buenos Aires, despoblada desde 1541; en febrero de 1580 declaró solemnemente su fundación.

Mi amigo y colega de la Universidad de Sevilla, Francisco Morales Padrón, publicó en 1952 «Jamaica Española», libro plenamente documentado. Hasta 1536 en Jamaica hubo gobernadores y Francisco de Garay fue nombrado gobernador de la isla en tiempos de Fernando el Católico (1514-1523). Junto al gobernador, fue una autoridad de la isla el abad de Villasana de Mena, Sancho de Matienzo, tesorero de la Casa de Contratación. El espíritu inquieto de Francisco de Garay fue el que hizo y comunicó al rey Fernando el Católico el reparto de indios, así como el despoblamiento indígena.

La escasez de población en Jamaica, donde regularmente llegaban las noticias de la conquista que Hernán Cortés realizaba en tierras mexicanas, le decidió a hacer una expedición a la región del Pánuco, en la costa del Golfo de México, que Cortés había incluido como área de expansión e integración de Nueva España, dejando la región en poder de sus lugartenientes Antonio de Quiñones y Alonso de Dávila.

A Cortés le resultó fácil; reconocida por el rey la importancia de la conquista que había realizado, le concedió la prioridad. El presidente de la Audiencia, Sebastián Ramírez, le dio a Cortés la razón de dominio del Pánuco, que ante los ojos de todos tenía una especie de derecho inmanente sobre toda Nueva España. Cortés comenzaba a preparar la expedición desde el Mar del Sur (Pacífico) hasta las tierras de la Especería, cerca de las Molucas. No pudo, pues, Francisco de Garay conseguir nada real sobre el Pánuco. Cuando llega a la región, Cortés le salió al paso y dio órdenes de que se le trasladase a México con la mayor deferencia y respeto; en la ciudad le enseñó los palacios que se construían y le ofreció como esfera de influencia el río de las Palmas. La noche de Navidad, Garay cenó con Cortés, sufrió una pulmonía y murió tres días después.