De vuelta

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En muchos casos son personajes aparentemente oscuros, aunque lleven consigo una cantidad de experiencias singulares que les habrían permitido destacar en otras latitudes. El mismo partido laborista ha representado una izquierda que giró desde la socialdemocracia al socialismo liberal en los tiempos de Tony Blair, en 1994, cuyo gran mérito fue descubrir que existía un centroizquierda que podía romper la hegemonía conservadora en este ámbito. La abrumadora derrota de Ed Milliband por David Cameron en las pasadas elecciones de mayo, que le obligó a la inmediata dimisión, sustituido por un provisional Harriet Harman, ha alterado la deriva laborista y ha situado en primer plano a un diputado, que ocupaba su escaño desde 1983, considerado como un rebelde en su formación tras haber votado a la contra en quinientas ocasiones. Pese a su arrolladora victoria cabe vislumbrar un polémico futuro y no sólo en el seno de su formación, que le otorgó los votos que le faltaban para poder ser candidato tan sólo cinco minutos antes de que finalizara el tiempo. En junio, las casas de apuestas británicas, que apuestan a todo, pagaban su improbable victoria 200 a 1. Algo, sin embargo, alteró las reglas. En esta ocasión no sólo votaron los militantes, sino también los simpatizantes que abonaron tres libras para poder hacerlo. Corbyn, ante la estupefacción de sus colegas en el Parlamento, consiguió el 59,5% de los votos y dejó a Andy Burnham con un 19% en segundo lugar. Éste ha prometido apoyarle. Su tarea no va a resultarle fácil. La mayor parte de su formación discrepa del izquierdismo del nuevo líder. Cooper y Kendall, que ocupaban las responsabilidades de Interior y Sanidad en el gabinete en la sombra, ya han renunciado por discrepancias ideológicas. Porque Corbyn pretende trasladar al laborismo hasta los cuarteles de antaño.

De hecho, no viene a representar un «cambio», en el estilo del partido español Podemos, pese a que éste se ha proclamado próximo al nuevo laborismo antiguo. El nuevo líder ha declarado: «No podemos tolerar los actuales grotescos niveles de injusticia y desigualdad social». Un ideario inspirado en este giro radical ha significado también un reclamo para los jóvenes que habían abandonado su interés por el partido y, a la vez, ha logrado el retorno de antiguos militantes. Pero este cambio de rumbo no va a resultarle fácil. Ante el drama de los refugiados en esta Europa cambiante entiende que «los refugiados son víctimas de la guerra, son seres humanos y debemos ayudarles con compasión». Anclado en las bases del marxismo, al que renunció el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra, el nuevo líder se manifiesta contra cualquier intervención bélica, propone una administración conjunta argentino-británica en las Islas Malvinas y sus planteamientos económicos pasan por determinadas renacionalizaciones, un banco público y el incremento de los impuestos a las grandes fortunas. Las reacciones de la llamada izquierda europea han sido moderadas. Matteo Renzi, claro partidario de Blair, ha mantenido el silencio, Pedro Sánchez se ha manifestado dispuesto a cierta colaboración y Alexis Tsipras se halla envuelto en una batalla electoral que se resolverá de inmediato. Pero Syriza ya no es tampoco lo que era. Fracturado, sus expectativas electorales pasan por lograr un pacto, ya que la Nueva Democracia de Vangelis Maimarakis se sitúa al filo del empate en las encuestas. Las esperanzas de Tsipras residen en el voto de los indecisos y en la ligera ventaja, se dice, que alcanzó en el cara a cara en la reabierta televisión pública griega con su contrincante. Las elecciones catalanas, las generales españolas y el cómo se resuelva el asalto de los refugiados de Oriente Medio pueden alterar el modelo de la Europa que estamos viviendo. Los países del Este, antiguos feudos comunistas, se han inclinado hacia actitudes que recuerdan formas de la no menos antigua derecha política. Las inquietudes europeas no surgen tan sólo de la crisis económica que todavía ofrece múltiples signos de vida. Se observan con inquietud los mercados internacionales: China y los EE.UU. Nada parece consolidado. Tal vez Jeremy Corbyn este hombre de cuidada barba, premiada en el Parlamento británico, rostro afable y de fácil sonrisa no logre mantener por mucho tiempo el liderazgo del Labour, pero, por lo menos habrá agitado las aguas excesivamente calmas de las Islas Británicas, donde la sociedad del bienestar ha ido desapareciendo poco a poco, desde los trenes de antaño a la Sanidad Pública. Será acusado de peligroso izquierdista, pero sus ideas enlazan con la tradición laborista de antaño. Junto a una parte de su promoción está de vuelta.