Historia

José Jiménez Lozano

El damero maldito

Ha metido en un laberinto a España entera, jugando a una ley y a su contraria como a dama blanca y negra al mismo tiempo, riéndose de todo el mundo

La Razón
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Parece obvio y necesario de toda necesidad que las leyes de un país y de cualquier ámbito, pero mucho más en el de las leyes fundamentales que defienden la seguridad del Estado, y la protección de los ciudadanos frente a él, no debiera haber la mínima oscuridad ni equivocidad o concurrencia legal que pudiera ofrecer la sensación de ser un laberinto, un crucigrama o un damero maldito.

Pero España es diferente, pero que muy diferente, y esto parece que también en el plano del atroz «crimen maiestatis» o delito contra la seguridad del Estado que siempre se pagó a un terrible precio, y desde luego con la pena máxima de pérdida de la libertad. Pero, entre nosotros y en los meses pasados, se han televisado imágenes de una especie de golpe de Estado, regional y secesionista, y de una gran comicidad; pero que el gobierno de la nación no creyó a sus ojos y preguntó a los golpistas si realmente habían dado un golpe de Estado o habían hecho una representación teatral. Y, según bastantes españoles, la reacción a aquel delito fue también en el espíritu de unos Juegos Florales; y, se tuvo a bien permitir en ella la plena producción , de la máquina propagandística y educacional de los maquinadores del golpe. Esto es, la letra y el espíritu del golpe de Estado.

De manera que vamos a dejar de lado también que se hayan convocado y efectuado elecciones a toda prisa y en un clima de apasionamiento que han producido lo esperable. Pero el caso ha sido que, en la intervención judicial en esos asuntos, no se pudo detener al Presidente de la Autonomía regional que había sido destituido tras el golpe de Estado, y que después se ha paseado por Europa. Ha dado conferencias hasta en universidades, donde parece que no se ocuparían sino de asuntos académicos y no de politiquerías regionales de otro país, y se convirtió en conciencia barata de ética democrática, denunciando enseguida a una España gobernada por una de sucesivas encarnaciones de la Inquisición, Felipe II, el duque de Alba, el general Espartero, el Presidente Azaña etc. Y lo cierto es que dicho ex-representante del Estado en una región española, incluso ya desposeído de tales cargos y representaciones, fue muy bien acogido por ciertos europeos, cuyo territorio fue antaño territorio imperial nuestro, y sus habitantes de ahora mismo dan la sensación de creer que todavía España les va a conceder indemnizaciones por aquel tiempo de estancia en tierras que nos tocaron por herencia.

Pero el asunto está, desde luego, en que este señor ex-presidente destituido por golpista, ha metido en un laberinto a España entera, jugando a una ley y a su contraria como a dama blanca y negra al mismo tiempo, riéndose de todo el mundo, y presentándose como gran personaje con antecedentes penales de primer orden y nacional e internacionalmente respetados. Aunque puede pensarse que, si España ha obrado como queda dicho y puede seguir haciéndolo, es sencillamente porque nuestro país tiene en estos momentos una sobrealimentación democrática y hasta levemente demagógica, mucho más que toda Europa junta, desde luego, y esta sobrealimentación exige delicados miramientos para tratar a ciertos delincuentes por lo menos. O quizás es que las simples costuras de la democracia hacen llagas en nuestra finísima piel todavía no avezada.

Como no tenemos, digamos que una larga y excelsa tradición en asuntos democráticos, nos parece que una ley clara y contundente, que no pueda envolverse en sedas o interpretaciones y tecnicismos, sería algo desproporcionado, dictatorial y siniestro. De modo que no podemos pensar en aplicar, ni siquiera la ley que prescribe el uso de la lengua nacional, no vaya a ser que alguien se moleste.

Los romanos nos hablaron de la santidad de la ley y de que ésta podía ser dura, pero era la ley; y si no hay ley y el Estado no está sometido a ella, tampoco hay democracia. Otra cosa es que en política importen más las declamaciones y comedias.