Historia

El invento de la nación

Desde finales de este último siglo el estado nacional está dando síntomas de agotamiento y el resurgir de intentos de nuevos estados no es sino el mejor indicio de su crisis

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El Estado-nacional, como toda construcción histórica y por tanto creación intelectual y material del hombre, tiene su temporalidad. No ha existido siempre. Digamos que tiene su fecundación allá por el siglo XVI y podemos decir, que se va gestando a lo largo de los siglos XVI-XVII y XVIII, lo que algunos llaman el surgimiento del Estado Moderno (basado en una creciente modernización, racionalización y centralización, burocracia, milicia y hacienda). Hasta que finalmente tiene lugar el alumbramiento de los Estados Nacionales, que, según los casos, tienen lugar a finales del siglo XVIII en los EE UU. El caso del Reino Unido de Gran Bretaña, Escocia e Irlanda, un curioso y pionero ejemplo de un largo proceso que se inicia en 1688, con la llamada revolución Gloriosa, le sigue el Acta de la Unión con Escocia en 1707 y que se culmina en 1800-1801 con el Acta de Unión con Irlanda. Por tanto proceso de unión (agregación) en una monarquía unitaria, constitucional y soberana, porque tiene un único soberano: el monarca.

El caso más conocido y referenciado es el del Estado-nacional francés. Cuyo alumbramiento vino acompañado por los estertores de la Revolución Francesa y las Guerras napoleónicas. Es decir, un estado-nacional que se levantó sobre las cenizas del derrocado estado del Antiguo Régimen, encarnado en la Monarquía absoluta de Luis XVI.

Cierto que las Guerras napoleónicas actuaron de acicate y trataron de derrocar por toda Europa el viejo orden y sustituirlo por el de los nuevos Estados-nacionales. Pero en realidad su gestación estaba avanzada por buena parte de Europa y de América. Por tanto, a partir de los inicios del siglo XIX, en todo el mundo occidental, se abrió un largo periodo que llegará hasta la Gran Guerra, en el que se sucederán sin parar la floración de múltiples Estados-nacionales. Y lo hacen sobre realidades políticas muy diversas y con justificaciones de lo más variado y en algunos casos pintoresco.

Tenemos la realidad del complejo mundo germánico. En un caso, un príncipe elector del Sacro Imperio, el de Brandemburgo, consigue el título de rey en Prusia (1701) y a partir de ese patrimonio dinástico, embrionario, engendrará lo que algo tardíamente sería el Estado-nacional alemán de Bismarck y que vio la luz en 1871. Contrariamente a estos procesos de construcciones nacionales, los restos del Sacro Imperio, nucleados por el archiducado de Austria, el reino de Bohemia y el reino de Hungría constituirá la monarquía austrohungárica que tomaría el camino de Imperio hasta el final de la I Guerra Mundial.

El caso italiano. También con características propias. Muy dividido en reinos, ducados, repúblicas. Algunos de ellos vinculados con poderes distintos: con la monarquía española, con el Sacro Imperio y el centro peninsular constituido por los estados pontificios, era un mosaico difícil de armonizar, pero que tuvo su éxito allá por 1861.

Otra realidad bien distinta y sobre justificaciones diferentes, en este caso de independencia, son los Estados-nacionales republicanos que se levantaron por todo el centro y el sur de américa.

El caso español, muy complicado de resumir, porque podría ser la historia del siglo XIX hasta nuestros días. Bástenos decir, que contrariamente a otras realidades históricas, en el caso de España no ha habido unidad de criterio a la hora de construir el Estado Nacional. No sólo se confrontaban dos visiones contrapuestas sobre el estado: los que consideraban que debía seguir la monarquía absolutista y los que defendían una monarquía constitucional (con sus diferencias). Resultado, tres guerras civiles, las guerras carlistas o cuatro si contamos la del 36. En la que se acabó imponiendo la idea del Estado-nacional del franquismo, razón por la que la izquierda, ni fue nacional, ni lo sigue siendo. Por tanto, en España nunca ha habido acuerdo unitario en cuanto a la construcción del estado-nacional, ni lo sigue habiendo en nuestros días.

Podemos concluir que el estado nacional es una construcción histórica que tiene su propia historicidad. Tiene su origen en la liquidación del Antiguo Régimen y se desarrolla a lo largo de los siglos XIX Y XX. Desde finales de este último siglo está dando síntomas de agotamiento y el resurgir de intentos de nuevos estados no es sino el mejor indicio de su crisis.