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Pierce Brosnan: «¿Quién habría sido yo sin James Bond?»

Interpreta a un presentador desesperado que decide quitarse la vida, aunque aplaza su decisión

Brosnan toma la decisión de quitarse la vida tras acostarse con una menor sin saber que lo era
Brosnan toma la decisión de quitarse la vida tras acostarse con una menor sin saber que lo era

¿Pierce Brosnan en modo zen? A tenor de la voz, entre íntima y agotada, con la que respondía a las preguntas de la Prensa durante la promoción de «Mejor otro día» en la pasada Berlinale, cualquiera diría que protagoniza una comedia. Pero sí: en ella encarna a Martin Sharp, un célebre presentador de televisión que entra en declive después de acostarse con una menor sin saber que lo era. La humillación pública, de proporciones faraónicas, le empuja a intentar suicidarse. Este es un personaje que pone en bandeja de plata esos temas que tan nerviosos ponen a los actores poco bregados al contestar preguntas comprometidas. A Brosnan, por el contrario, se le veía tranquilo. Susurrante pero tranquilo.

–«Mejor otro día» pretende quitarle hierro al suicidio hablando directamente de ello, convirtiéndolo en motor de la acción. Usted es católico practicante. ¿Le resultó fácil comprender las razones de su personaje?

–Todos sufrimos en la vida, y a veces el dolor nos sobrepasa. Todos hemos atravesado momentos de inseguridad en los que parece que estemos cubiertos por un manto de miedo y desprecio por nosotros mismos. Sí, puedo entender por qué alguien quiere matarse. No es una pregunta fácil de responder. Una persona enferma de cáncer puede pensar en suicidarse, pero la mayoría de las veces, a la hora de la verdad, quiere vivir.

–¿Hasta qué punto es doloroso para un actor acercarse a esa ambivalencia y jugar con ella sin que parezca que te la tomas a la ligera?

–Es un territorio oscuro del alma que resulta desagradable de visitar. El apoyo moral y el amor hacen mucho para sacarte de ahí. Recuerdo una mañana en Pasadena, en un puente en el que, a finales de los años veinte, hubo un montón de suicidios. Yo estaba grabando una serie de televisión en la ciudad. Y, de pronto, atravesando el puente, me encontré con una chica, debía de tener diecisiete años, a punto de tirarse. Estaba embarazada. Empecé a hablar con ella, intentando disuadirla pero sin presionarla. Utilicé todos los argumentos posibles. Estaba desesperada.

–¿No le reconoció?

–No, por aquel entonces aún no había sido James Bond.

–La historia debe de tener un final feliz. Si no, no la contaría...

–Sí, la convencí. Puedo decir que ese día salvé una vida. Fue una mañana de lo más extraña. Tenía un montón de páginas de guión que grabar y me fue difícil concentrarme. ¿Cómo enfrentarse a tus quehaceres cotidianos después de una experiencia semejante?

–Es el tipo de pregunta que Martin, su personaje, no se haría. ¿Temía que su frivolidad alienara al público?

–Era consciente de que podía ocurrir. Después de todo, Martin es un hombre atrapado en su ego, en su ridícula vanidad, y eso puede acabar resultando tedioso. No había más que sacar a la luz su lado emocional.

–En un momento del filme, Martin está a punto de decir que preferiría volver a ser famoso que recuperar a sus hijos...

–La fama debe ser un producto del trabajo duro. Nada bueno proviene de la nada, y Martin, que es alguien con pocas luces y menos talento, lo ha tenido todo demasiado fácil. Se redime cuando percibe que a su alrededor hay gente que tiene más razones para quejarse que él y sale adelante. Su gran problema es que se toma la fama demasiado en serio. Y la fama va y viene. No hay que sobrevalorarla, pero tampoco menospreciarla. Estoy muy agradecido por lo que me ha ofrecido, por la posibilidad de seguir trabajando en lo que me gusta. Y creo en el trabajo, no puedo pasar sin él.

–Martin cree manipular a los medios en su propio beneficio, pero al final le sale el tiro por la culata. ¿Se ha encontrado alguna vez en una situación parecida?

–Nunca he tenido que lidiar con los medios en estos términos. Siempre me han dejado en paz, no he tenido que desmentir nada. Me he mantenido al margen de la prensa rosa y la prensa rosa ha respetado mi privacidad. En los festivales hago promoción, firmo autógrafos, acepto lo que conlleva ser un actor famoso y poco más.

–¿La lleva como una carga?

–En absoluto. La enfermedad puede ser una carga. No tener amigos puede ser una carga. No tener trabajo puede ser una carga. La fama, no.

–En «November Man», que estrena a finales de año, interpreta a un ex agente de la CIA que vuelve a primera línea de combate. Es su regreso al cine de espías después de haber reorientado su carrera para alejarse del sambenito de interpretar a James Bond. ¿Significa eso que ya ha logrado desencasillarse?

–Bond me regaló una década maravillosa. Es un personaje que ocupa un lugar muy especial en mi trayectoria. Fue tan importante encarnarlo en cuatro películas como encontrar la manera de deshacerse de él, de mirar hacia el futuro desprendiéndome de su legado, buscando nuevos caminos que explorar. Pero ¿quién sería yo sin él?