2015, cerca de Roma

Vista del Vaticano y de la ciudad de Roma desde la cúpula de la basílica de San Pedro
Vista del Vaticano y de la ciudad de Roma desde la cúpula de la basílica de San Pedro

Miércoles 17 de junio de 2015, cerca de Roma, mediodía. Encuentro entre dos personas, una de ellas de extraordinaria relevancia. Hablan de la situación de España, bien conocida por ambos. El visitante expone su preocupación por la creciente división en la sociedad española, y la patente amenaza que se cierne sobre su unidad nacional. Su interlocutor le interrumpe con delicadeza, mientras desliza suavemente esta concisa y firme aseveración: «El diablo quiere destruir España».

La impresión de estas palabras impacta al invitado, que prosigue escuchando: «Ataca más a los mejores, y ataca a España por su labor en la Historia al servicio de la Iglesia de Jesucristo. Su obra evangelizadora en América, en la Contrarreforma, durante la persecución religiosa en los años 30 del siglo pasado…».

Sabedor de que escucha palabras inspiradas, el forastero se emociona profundamente. Su interlocutor le serena, sonriendo: «No tenga miedo, no lo conseguirá. Los enemigos de Dios y su Iglesia hacen mucho ruido, están muy presentes en los medios…, pero hay mucha gente rezando –oculta y silenciosa–, y esta oración es muy poderosa ante Dios. Tenga confianza, el diablo no conseguirá destruir España». Y prosiguió…

Aseguro que esta conversación es auténtica. Conocer personalmente a los interlocutores y los detalles de los 55 minutos del encuentro, son una absoluta garantía para mi. Así lo transmito a los lectores, para fortalecer la esperanza de que saldremos victoriosos del combate del que hablábamos en la columna de ayer.