Bruselas es incapaz de declarar la neutralidad climática ante el veto de Polonia

Varsovia pide un objetivo menos servero para los países dependientes del carbón y la ayuda económica.

“Si la UE no tira del carro va a ser muy difícil que se pueda alcanzar un acuerdo global” aseguraban ayer fuentes diplomáticas españolas con la vista puesta en la clausura de la COP 25 en Madrid, mientras los líderes europeos seguían negociando el pasado jueves el objetivo de neutralidad climática para el 2050. Como si fuera una profecía autocumplida, horas después los Veintiocho fueron incapaces de alcanzar el acuerdo ante el veto de Polonia que pide mayor flexibilidad en esta meta para aquellos países más dependientes del carbón y mayor apoyo económico para facilitar este dolorosa transición energética. De momento, este tema se pospone en el mes de junio. Es la tercera vez que es imposible alcanzar un acuerdo sobre las emisiones 0 en 2050 en una reunión del máximo nivel.

Al día siguiente y tras una primera sesión que termino de madrugada, fuentes diplomáticas españolas intentan quitar hierro a este tema fracaso y señalan que hace tan sólo seis meses, cuando este tema se planteó en la cumbre de Sibiu en Rumanía, tan sólo ocho países estaban a favor. El progreso parece incontestable aunque el club comunitario lo tiene difícil, por el momento, para convertirse en conciencia global contra el cambio climático. Las dudas internas persisten y la transición no será fácil ni sin consecuencias.

¿Qué pasará en el mes de junio? ¿un nuevo retraso? . Se espera que dentro de seis meses ya se haya producido un acuerdo sobre el nuevo marco financiero plurianual para los años 2021-2027, unas negociaciones que de momento siguen empantanadas. Bruselas pretende que una cuarta parte de este presupuesto se destine al cambio climático y quem a través de los instrumentos ya vigentes y la labor del Banco Europeo de Inversiones se puedan movilizar hasta 100.000 millones de euros para la transición energética. Es la cifra mágica presentada en el Pacto Verde presentado este pasado miércoles por la presidenta del ejecutivo comunitario, Úrsula Von der Leyen con el propósito de demostrar que Bruselas no quiere dejar a nadie atrás. De momento, es una mera promesa pero puede que dentro de seis meses ya pueda hablarse de dinero contante y sonante. Puede ser el impulso definitivo para que Polonia diga sí, aunque el resto también deben dar su beneplácito. “Estamos dispuestos a tener flexibilidad y ser constructivos, pero todo el dinero para la transición tecnológica no puede ser para los países que están detrás y que, por el contario, los países que están a la Vanguardia com España se vean postergados, porque no lo vamos a permitir”, aseguran fuentes diplomáticas españolas. En junio tendrá lugar la próxima batalla.