Una horma para una Reina

A lz izquierda, sandalias abiertas de tacón en rosa empolvado; a la derecha, tacones beige.

En Magrit conocen al milímetro el pie de la Reina desde hace años.

Si el «look» de Doña Letizia ha sido examinado con lupa durante su primer mes de reinado, lo cierto es que la última semana la Reina ha sorprendido por dar una vuelta de tuerca a su calzado. Entre sus empolvados de salón se han colado otros diseños con un toque más sofisticado, como las sandalias con plataforma de tiras cruzadas que lució inauguración de los cursos de verano de la Fundación Príncipe de Asturias en Oviedo. O la sandalia de pala plisada con hebilla de brillantes que llevó durante su visita oficial en París. Siempre, siendo fiel a Magrit, la firma con la que ha recorrido todo el planeta como Princesa de Asturias y con los que seguirá caminando como consorte del jefe de Estado. Desde que se hiciera público su compromiso con el entonces Príncipe de Asturias, siempre ha mantenido una máxima en materia de moda: apostar por el «made in Spain». Y aunque coquetee con Mascaró, Armand Bassi o CH en alguna ocasión, el «no sin mi Magrit» se ha instalado con una premisa clave cuando se trata de un evento clave, como puso de manifiesto en la ceremonia de proclamación de Don Felipe.

A menudo se habla de la confianza ciega depositada en Felipe Varela, pero no se puede ignorar la fe que ha profesado a la casa de calzado alicantina ubicada en Elda. Al igual que ocurre con el diseñador madrileño, esta familia de artesanos del calzado prefiere guardar silencio. Prefieren que sea su trabajo el que hable.Aun así, según ha podido confirmar LA RAZÓN, Doña Letizia cuenta con su propia horma en la casa alicantina, hecha a partir de su pie y adaptada a las particularidades de su fisionomía. Se trata de un molde que corresponde en su longitud a un 37 clásico. La especificidad de la plantilla de la Reina es que es algo más estrecho de lo normal, de tal manera que el zapato se pule para que se ajuste al detalle y permita un mayor movilidad sin que provoque rozadora alguna.

La imaginación lleva de inmediato a pensar en el zapato de cristal de la Cenicienta que encaja a golpe de varita mágica. Pero más que para una princesa de cuento de hadas, el trabajo de los artesanos de Magrit para Doña Letizia se corresponde más a la respuesta a una demanda profesional.

La creación de la horma de Doña Letizia se llevó a cabo como el de cualquier otra clienta que solicite un zapato a medida. Con el prototipo de la horma –actualmente se digitaliza e incluso se materializan en impresoras 3D–, se crea un primer modelo con los materiales correspondientes, se realiza la correspondiente prueba de calce, se hacen las correcciones si fuera necesario y finalmente se fabrica el zapato. Siguiendo procesos donde combinan técnicas mecanizadas con la tradición artesanal manteniendo las mismas fases que se seguían en los talleres de hace unos cien años. En concreto, el proceso de adaptar las distintas partes del zapato de la Reina a la horma –lo que se conoce como hormar–, sigue siendo responsabilidad de un zapatero que lo realiza a mano, a golpe de martillo y lija. «Salvo que haya un cambio de peso significativo o que se hinchen los pies por la edad, esta horma vale de por vida porque es raro que se modifique la estructura del pie, esto es, las medidas de calce, puente y longitud», detalla Hermelando Albert, maestro artesanal del Museo del Calzado en Elda.

Con la horma fabricada, el reto más complicado viene a la hora de adaptar esa horma a una de las peticiones de la clienta real: la gran altura de sus tacones para compensar los 30 centímetros de diferencia de estatura con respecto a Don Felipe. Y eso que Doña Letizia mide 1,67, es decir, seis centímetros más que la media de las españolas. Este desafío no es sencillo: un tacón que en ocasiones supera los 12 centímetros y con el debe que ha de moverse en actos oficiales durante varias horas sin que la espalda y el propio pie y la espalda no le pasen factura. «Lo máximo que puede soportar una mujer normal son ocho centímetros, salvo que estén entrenadas, algo que no suele ser habitual debido a la tendencia a llevar calzado deportivo y bailarinas. Con una hora al día de entrenamiento es suficiente para aprender a llevar tacones. En el caso de Doña Letizia, podemos decir que el hecho de llevarlos a diario le permite no sólo caminar con elegancia, sino aguantar con ellos largas jornadas de trabajo luciéndolos. Esos ocho centímetros, con plataforma se pueden llegar a convertir en doce como máximo para que se compense el peso, pisando hacia adelante el 75 por ciento de su peso y dejando atrás el otro 25», explica Albert, que recomienda no forzar continuamente esta altura». Tener una horma es la garantía de que el zapato quede como un guante, se sufra menos y haya menos sensación de cansancio, pero hay que evitar llevar siempre el tacón al límite», insiste.

Lo cierto es que Doña Letizia cuenta con sus propios trucos. El día de la proclamación comenzó la jornada con el modelo Leonor, de 10 centímetros de tacón que llevaban oculta una pequeña cuña bajo el forro. Aun así, durante el besamanos decidió cambiar y tiró de los «peep toes», rebautizados «letizios», con una mayor plataforma que permitiera mantener la altura sin suponer una pérdida de estabilidad ni forzar el pie. Unos y otros se mueven en torno a los 200 euros el par.

Lo cierto es que resulta coherente y práctico que Doña Letizia haya apostado por un modisto y un zapatero de cabecera con el que configurar sus «looks» oficiales, en tanto que el conocimiento que tienen sobre su clienta y la confianza de ella con sus proveedores hace el trabajo más rápido. Conocen casi a la perfección sus gustos personales de la Reina así como las exigencias que marca el protocolo para cada uno de los actos en los que tiene que tomar parte. De la misma manera, no hace falta tomar medidas y se hacen las pruebas imprescindibles lo que permite a la Reina. Eso no quita para que tanto Varela como los Magrit se desplacen a Zarzuela si la ocasión lo requiere. En el entorno de Zarzuela comentan que no le preocupa en absoluto repetir zapato. Es más, no solicita uno nuevo de sus clásicos de referencia hasta que no está verdaderamente gastado y amortizado.

Así, Doña Letizia se mantiene en contacto directo con los Magrit. Cada diseña que luce se convierte en una prueba de calidad a tiempo real, pues en el taller saben casi a tiempo real si responde las necesidades de su clienta más especial, esto es, si han logrado compensar la altura con la comodidad. Este «feedback» constante con la Reina les ha permitido mejorar la ergonomía de sus productos tanto para las otras clientas a medida que cuentan, así como para las colecciones más comerciales disponibles en su web.