Las dos columnas

Fotografía de junio 1979 del Papa Juan Pablo II durante una ceremonia llevada a cabo en el monumento al Soldado Desconocido en Varsovia, Polonia
Fotografía de junio 1979 del Papa Juan Pablo II durante una ceremonia llevada a cabo en el monumento al Soldado Desconocido en Varsovia, PoloniaMaciej KlosEFE

El centenario ayer del nacimiento de S. Juan Pablo II, «coincidió» con el retorno de la celebración «pública» de la Misa, tras más de dos meses en que solo ha podido seguirse por tv o internet, o celebrarse «clandestinamente» –aunque parezca mentira– por ejemplares sacerdotes.

Cuando se haga historia de este tiempo, quizás el juicio humano no será benévolo con quienes, incluso, se jactaron de haber ido más allá de lo que la autoridad civil determinaba, en cuanto a la limitación del acceso a los lugares de culto, y a su misma celebración.

Conocido es el sueño profético de S. Juan Bosco sobre la dos columnas, en el que, tras estar a punto de perecer la nave de la Iglesia por los duros ataques que recibía en medio de una tempestad, emergen como anclaje de salvación: una coronada por la Eucaristia; la otra, por Maria Auxiliadora. Como dice un amigo mío: «Que los pastores se esmeren en defender la columna que les corresponde, que la otra se defiende sola».

La Iglesia exhorta a la obediencia a la autoridad legítima en el ejercicio de sus funciones, pero no cuando son leyes injustas que atentan contra su libertad, o el sentido común. Espero entender algún día que aceptase considerar «actividad esencial» pasear a la mascota o ir al estanco, y no ser esencial asistir a Misa –ni en Semana Santa– guardando, logícamente, las medidas de seguridad.

Algo que hemos vivido con tristeza y preocupación.