Anunciar el Evangelio

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Este noveno viaje del Papa Francisco tiene como característica especial que es un viaje a «su» tierra, a Ecuador, Bolivia y Paraguay, países latinoamericanos, pero adquiere dimensiones universales porque lo realiza el Vicario de Cristo, el Sucesor de Pedro desde su sede de Roma, para confirmar la fe de aquellos a quienes visita y dar luz al mundo entero de la situación que viven estos hermanos nuestros tan lejanos geográficamente y tan cercanos en la fe e incluso en la lengua y en la cultura. Se trata de llevar la alegría del Evangelio a los pobres, destinatarios principales de la Buena Noticia, porque «de ellos es el Reino de los cielos». El viaje incluye la cercanía a las comunidades cristianas que viven y crecen en estas tierras, el encuentro con los obispos de cada lugar, con los sacerdotes, religiosos y seminaristas, con los jóvenes y con las autoridades respectivas. Pero tiene especial acento en el encuentro con personas, lugares y situaciones de especial pobreza: los ancianos de Quito (Ecuador), atendidos por las Misioneras de la Caridad (de Madre Teresa de Calcuta); la visita a la cárcel de Palmasola en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), donde están hacinados cinco mil presos, que viven y mueren en condiciones indignas de la persona, la visita al hospital general pediátrico de «Niños de Acosta Ñu» en Asunción (Paraguay), donde tantos inocentes sufren e interrogan al mundo entero por su situación.

Al papa Francisco le gustan gestos de este tipo, que llamen la atención al mundo entero acerca de estas situaciones extremas, «periferias existenciales», ante las cuales no sirve una respuesta cualquiera y menos todavía una indiferencia de tantas a las que nos tiene acostumbrados la globalización. Situaciones en las que el Evangelio puede penetrar, porque el Hijo de Dios con su encarnación ha entrado en ellas, las comparte, les da sentido y nos invita a todos a compartirlas desde una actitud de conversión pastoral sincera.

Los centros de poder y los lugares donde se toman las decisiones del mundo tienen su gran importancia para la marcha de la historia humana. Pero al mismo tiempo, estos lugares o periferias existenciales, estas personas que sufren injusticia, marginación, exclusión y descarte, incluso los niños inocentes, nos están planteando retos a la conciencia mundial, que tiene que venir en su ayuda en todos los lugares de la tierra donde se dan tales injusticias.Los grandes temas de la familia y la vida serán afrontados en los tres países. No olvidemos que Latinoamérica es el continente de la esperanza, donde la inmensa mayoría de sus habitantes son jóvenes, y el campo de la familia y de la vida necesita ser evangelizado, renovado, valorizado. Igualmente, nos hablará de la sana laicidad del Estado, de manera que aparezca el respeto a la autonomía de las realidades temporales, como nos enseña el Vaticano II, respetando la identidad de un pueblo creyente y evitando la colonización ideológica importada e impuesta desde otras latitudes, desfigurando la fisonomía de un pueblo. Hablará de justicia social, de la construcción de la casa común en una sana ecología, de la inclusión de los pobres en todo proyecto de desarrollo. Hablará de la dignidad de la mujer, que en muchos casos soporta el peso de toda la familia; y denunciará el tráfico de drogas, manipulado por los grandes intereses económicos, pero que destroza la vida de quienes se enganchan a ellas. Acompañamos al Papa Francisco en este viaje a su tierra, en la que viven tantos hermanos nuestros que sufren y donde se acumula tanta esperanza para el mundo entero. Y lo acompañamos con la oración y con el interés por el mensaje que desde tierras latinoamericanas nos va a ofrecer a la Iglesia universal y al mundo entero.