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El Papa apela al espíritu de la reconciliación al canonizar a dos palestinas

Canonizó ayer a dos palestinas, las primeras de la época moderna.

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Los cristianos palestinos, a menudo golpeados por el conflicto que libran en Oriente Medio sus vecinos musulmanes y judíos y olvidados por el resto del mundo, vivieron ayer una jornada para la historia y la esperanza, que les coloca en el foco mundial. El Papa Francisco canonizó ayer a las dos primeras santas palestina de la época moderna, la carmelita dezcalza sor María de Jesús Crucificado y sor María Alfonsina Danil Ghattas, esta última fundadora de las Hermanas del Rosario de Jerusalén, junto a otras dos beatas, procedentes de Francia e Italia. Canonizaciones que, además, son una señal de respaldo del Vaticano a la presencia cristiana en la región, que ha disminuido en los últimos años hasta el 2%.

Aunque Francisco fue más allá, pues en el rezo del Regina Coeli, que sustituye al Ángelus durante el tiempo pascual, las propuso como modelo de reconciliación para la región: Inspirándose en su ejemplo de misericordia, de caridad y de reconciliación, los cristianos de estas tierras miren al futuro con esperanza, continuando por el camino de la solidaridad y de la convivencia fraterna. «Inspirándose en su ejemplo de misericordia, de caridad y de reconciliación, los cristianos de estas tierras miren al futuro con esperanza, continuando por el camino de la solidaridad y de la convivencia fraterna», afirmó.

Antes, en la ceremonia eucarística durante la que fueron canonizadas, el Pontífice se detuvo en la figura de sor María de Jesús Crucificado, antes Mariam Baouardy, de la que dijo que «supo dar consejos y explicaciones teológicas con extrema claridad», a pesar de ser «humilde e iletrada» y fue «un instrumento para el encuentro y la comunión con el mundo musulmán». De sor María Alfonsina Danil Ghattas destacó su testimonio «de mansedumbre y unidad». «Ella nos ofrece un claro ejemplo de lo importante que es hacernos responsables los unos de los otros, de vivir uno al servicio del otro».

Ya sobre las cuatro canonizadas, añadió: «Permanecer en Dios y en su amor, para anunciar con la palabra y con la vida la resurrección de Jesús, testimoniando la unidad entre nosotros y la caridad hacia los demás. Esto es lo que han hecho las cuatro santas proclamadas hoy. Su ejemplo luminoso también interpela nuestra vida cristiana: ¿Cómo soy testimonio de Cristo resucitado? Es una pregunta que debemos hacernos ¿Cómo permanezco en el Él, cómo vivo en su amor? ¿Soy capaz de sembrar en familia, en el trabajo, en mi comunidad, la semilla de aquella unidad que Él nos ha donado haciéndonosla partícipe de la vida trinitaria».

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Finalmente, el Pontífice argentino invitó a todos los presentes a llevar «la alegría de este encuentro con el Señor resucitado», a cultivar «en el corazón el compromiso de vivir en el amor de Dios, permaneciendo unidos a Él y entre nosotros» y a seguir «las huellas de estas cuatro mujeres, modelos de santidad, que la Iglesia nos invita a imitar».

Para vivir este hito histórico de cerca, se dio cita en la Plaza de San Pedro una delegación palestina de 2.000 personas, con el Patriarca Latino de Jerusalén, Fouad Twal, a la cabeza. También estuvo presente el presidente palestino, Mahmud Abas, que ayer se reunión con Francisco. Ayer, volvieron a saludarse efusivamente tras la Eucaristía.

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Al margen de las canonizaciones, Francisco, en su afán por acercarse a todos los conflictos del mundo y colocarlos en el foco mediático, se refirió a la situación que vive Burundi, sumido en la inestabilidad tras un golpe de Estado. «Quisiera también invitar a rezar por el querido pueblo de Burundi, que está viviendo un momento delicado. El Señor ayude a todos a evitar la violencia y a actuar responsablemente por el bien del país», señaló el Pontífice después del rezo del Ángelus, que ayer se celebró en la Plaza de San Pedro, y no tras la ceremonia de canonización de las religiosas.