Francisco: «Los servicios sociales no son una limosna sino una deuda con la familia»

El Papa Francisco saluda a los fieles a su llegada a celebrar la misa en Guayaquil
El Papa Francisco saluda a los fieles a su llegada a celebrar la misa en Guayaquil

- Los servicios sociales que el Estado presta no son «una forma de limosna», sino una «verdadera deuda social» con la familia, «que tanto aporta al bien común». Ésa fue la reivindicación que dejó ayer Francisco en la explanada del parque de los Samanes de Guayaquil ante más de 600.000 fieles, que aguantaron la humedad y el gran calor animados por su devoción al Papa. En la primera ceremonia multitudinaria de su viaje a América Latina, que incluye etapas en Bolivia y Paraguay, Jorge Mario Bergoglio centró su alocución en la institución familiar, la gran «riqueza social» que «no pueden sustituir» otros elementos de la sociedad.

«En la familia los milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano... muchas veces no es el ideal, no es lo que soñamos, ni lo que debería ser», dijo el Papa en la capital económica de Ecuador, un país donde la inmigración ha provocado grandes dificultades, por la distancia a la que se ven obligados a vivir muchos maridos y mujeres, hijos y padres.

Partiendo de las lecturas del Evangelio del día sobre las bodas de Caná, el Papa utilizó en su homilía el vino como símbolo «de alegría, de amor, de abundancia». «Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no lo hay. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano», lamentó Francisco.

La carencia de «alegría, amor y abundancia» también puede estar provocada por «la falta de trabajo, enfermedades, situaciones problemáticas que nuestras familias atraviesan». Frente a estos malos tragos, la figura de la Virgen se presenta no como una «madre reclamadora» o una «suegra que vigila para solazarse de nuestras impericias, errores o desatenciones». María, al contrario, es madre, y «ahí está, atenta y solícita». «¡María es madre!», repitieron tres veces los cientos de miles de fieles congregados en el parque de los Samanes liderados por el Papa.

La familia, la escuela

Insistiendo en la figura de la Virgen, tan venerada por los fieles latinoamericanos, aseguró que «nos enseña a dejar a nuestras familias en manos de Dios». «Rezar, encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones son también preocupaciones de Dios».

La oración, destacó Francisco, permite que el creyente salga «del perímetro de sus desvelos para trascender lo que nos duele, nos agita o nos falta a nosotros mismos y ponernos en la piel de los otros, en sus zapatos. La familia es una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente: vive bajo el mismo techo, comparte la vida y está necesitado».

El Papa Bergoglio aprovechó la homilía para explicar su concepción del servicio. «Es el criterio del verdadero amor», destacó. «Y esto se aprende especialmente en la familia, donde nos hacemos servidores por amor los unos de los otros. En el seno de la familia, nadie es descartado», dijo. Citó a continuación su última encíclica, «Laudato si’», dedicada a la protección de la naturaleza, para recordar: «Allí se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir “gracias” como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y a pedir perdón cuando hacemos algún daño. Estos pequeños gestos de sincera cortesía ayudan a construir una cultura de la vida compartida y del respeto a lo que nos rodea», añadió el Pontífice.

La familia, subrayó durante la celebración, «es el hospital más cercano, la primera escuela de los niños, el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, el mejor asilo para los ancianos». Por ello debe ser «ayudada y potenciada». La institución familiar es igualmente un pilar básico para la comunidad cristiana. Constituye «una pequeña Iglesia, una Iglesia doméstica que, junto con la vida, encauza la ternura y la misericordia divina. En la familia la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres se siente cercano el amor de Dios». Improvisando respecto al texto que tenía preparado, Francisco recordó lo que respondía su madre cuando alguien le preguntaba a cuál de sus cinco hijos quería más. «Contestaba que éramos como los cinco dedos de la mano». Francisco concluyó su homilía ante miles de personas que acudieron a la celebración con un mensaje de optimismo frente al futuro. «Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir, y susúrrenselo a los desesperados o desamorados. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos. Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón ya sienten que se les han roto todas las tinajas». Hoy el Pontífice se reúne con el mundo de la escuela y la universidad y tendrá un encentro con la sociedad civil.