El Papa reúne a mil presos y critica la hipocresía social

Lamenta la poca confianza en la rehabilitación de los encarcelados

Los presos participaron junto a sus familiares en el Jubileo de los Encarcelados que se celebró ayer
Los presos participaron junto a sus familiares en el Jubileo de los Encarcelados que se celebró ayer

Durante la misa el Pontífice ha reconocido que: "Cada vez que visitó una cárcel me preguntó: ¿por qué ellos y no yo?

Unos mil presos provenientes de doce cárceles del mundo dejaron ayer sus prisiones y gozaron de libertad durante algunas horas para participar en el Jubileo de los Encarcelados junto al Papa Francisco, quien quiso dedicarles esta jornada y darles un mensaje de esperanza. Durante todo su Pontificado, Francisco ha estado del lado de aquellos que han perdido toda esperanza. Uno de estos colectivos es el de los reclusos, con los que se ha reunido en varias ocasiones cuando ha viajado hasta algunos países como Bolivia o México.

Con un permiso especial y acompañados de sus familiares, los presos participaron con emoción en la misa que presidió el Papa en la basílica de San Pedro. También agentes de la policía penitenciaria italiana, así como trabajadores y capellanes de prisiones, algunos de ellos de España, estuvieron presentes y quisieron atravesar la Puerta Santa de la basílica, ganando así el Jubileo de la Misericordia.

«La esperanza es don de Dios y está ubicada en lo más profundo del corazón de cada persona para que pueda iluminar con su luz el presente, muchas veces turbado y ofuscado por tantas situaciones que conllevan tristeza y dolor», les dijo en la homilía.

El Obispo de Roma les aseguró que «a pesar del mal que hemos cometido» existe la misericordia de Dios. Por otro lado, recordó a los presentes que «ciertamente la falta de respeto por la Ley conlleva la condena, y la privación de libertad es la forma más dura de descontar una pena, porque toca a la persona en su núcleo más íntimo. Y todavía así la esperanza no puede perderse».

«Una cosa es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el «respiro» de la esperanza, que no puede sofocarlo nada ni nadie», afirmó con fuerza. «A veces una cierta hipocresía lleva a ver solo en ustedes personas que se han equivocado, para las que el único camino es la cárcel. No se piensa en la posibilidad de cambiar de vida, hay poca confianza en la rehabilitación. Pero de este modo se olvida que todos somos pecadores y, muchas veces, somos prisioneros sin darnos cuenta», denunció.

Al advertir también de los prejuicios y los falsos ídolos que impiden perdonar, «en realidad no se hace otra cosa que estar entre las estrechas paredes de la celda del individualismo y de la autosuficiencia, privados de la verdad que genera la libertad». «Y señalar –añadió– con el dedo a quien se ha equivocado no puede ser una excusa para esconder las propias contradicciones».

Frente a esa actitud, Jorge Mario Bergoglio aseguró que «nadie puede vivir sin la certeza de encontrar el perdón». Antes de concluir, el Papa exhortó a los reclusos a no encerrarse en el pasado porque «aunque lo quisiéramos, la historia no puede ser escrita de nuevo». «Pero la que inicia hoy, y que mira al futuro, está todavía sin escribir, con la gracia de Dios y con su responsabilidad personal». Así pues, «aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo capítulo de la vida. No caigamos en la tentación de pensar que no podemos ser perdonados».

«Donde se responde a la violencia con el perdón, allí también el amor que derrota toda forma de mal puede conquistar el corazón de quien se ha equivocado. Y así, entre las víctimas y entre los culpables, Dios suscita auténticos testimonios y obreros de la Misericordia», terminó.

Pero Francisco no se limitó a las buenas palabras hacia los presos, sino que durante el rezo del ángelus pidió públicamente a las autoridades mejorar las condiciones de las cárceles y realizar «un acto de clemencia en favor de los encarcelados que sean considerados idóneos para beneficiarse de dicho procedimiento». «Quiero hacer un llamado a la mejora de las condiciones de vida en las cárceles, con el objetivo de que sea plenamente respetada la dignidad humana de los detenidos», señaló desde la ventana del estudio pontificio. Además, pidió una reflexión profunda «sobre la necesidad de una justicia penal que no sea exclusivamente punitiva, sino que esté abierta a la esperanza y a la perspectiva de reinserción del reo en la sociedad».