El Papa Francisco: «En casa no veían que fuera cura»

LA RAZÓN reproduce, de la mano de «L'Osservatore Romano», la carta inédita escrita a máquina por Jorge Mario Bergoglio en 1990, en la que relata cuándo y por qué decidió ser sacerdote. Una misiva que buscaba homenajear a su mentor, el padre Pozzoli. El relato inédito más íntimo del Papa Francisco: desde la ruina de su familia a la pulmonía que le llevó a ser jesuita

LA RAZÓN reproduce, de la mano de «L'Osservatore Romano», la carta inédita escrita a máquina por Jorge Mario Bergoglio en 1990, en la que relata cuándo y por qué decidió ser sacerdote. Una misiva que buscaba homenajear a su mentor, el padre Pozzoli

Hoy hace 29 años de la muerte del P. Enrique Pozzoli (si la memoria no me engaña). Acabo de celebrar la Santa Misa por él, que me bautizó el 25 de diciembre de 1936 en San Carlos. Cuando voy a visitar a la madre Auxiliadora suelo pasar también por el Baptisterio a dar gracias por el don del Bautismo, recordando al P. Pozzoli. Desde la mañana de hoy sentí en el Señor que hoy tenía que poner manos a la obra y cumplir con la tan procrastinada promesa hecha a Usted, de que escribiría algunos de mis «recuerdos salesianos» para el Archivo. Así las cosas, me siento delante de la máquina y, sin hacer borrador, escribo lo que me venga en mente. (...)

FAMILIA EMPRENDEDORA

El P. Pozzoli estaba muy ligado a la familia Sívori, la familia de mamá, que vivían en Quintino Bocayuva 556 (...). La cercanía con la Iglesia Salesiana hizo que frecuentara a los padres de allá, de tal modo que cuando vino ya era Baggionere, ya era de la «famiglia salesiana» (...). La abuela, doña Posa Margarita Vasallo de Bergoglio (la mujer que tuvo mayor influjo en mi vida) trabajaba en la naciente Acción Católica: daba conferencias por todas partes (hasta hace poco yo tenía una publicada en un folletito que había dado en San Severo de Asti sobre el tema: «San José en la vida de la soltera, la viuda y la casada»). Parece que mi abuela decía cosas que no caían bien a la política de entonces... Una vez le clausuraron el salón donde debía hablar, y entonces lo hizo en la calle, subida arriba de una mesa (...). Pero no creo que la situación política haya sido el detonante para la migración a la Argentina (tampoco: tuvo que tomar aceite de ricino). Un hermano de mi abuelo ya estaba radicado en Paraná y le iba bien con la empresa. Vinieron a sumarse a esa empresa pavimentadora de familia en la que trabajaban 4 de los 5 varones Bergoglio. Papá era único hijo y pasó a trabajar como contador en la empresa, y se movía entre la ciudad de Paraná, Santa Fe y Buenos Aires. Cuando llegó a Buenos Aires se hospedó con los salesianos en la calle Solís, y fue desde allí donde conoció al P.Pozzoli quien inmediatamente (1929) pasó a ser su confesor (...).

LOS BERGOGLIO, ARRUINADOS

Vino la recesión económica. El presidente de la empresa en Paraná, hermano de mi abuelo (se llamaba Juan –igual que mi abuelo– pero el segundo nombre era Lorenzo) enferma de leucemia y linfosarcoma. Lo atiende el Dr. Ivanisevich (quien fuera luego ministro de Educación) y muere. Ambas cosas,1a recesión y la muerte de Juan Lorenzo, fundieron la empresa. Tuvieron que vender todo, hasta la bóveda del cementerio (todavía se conserva en Paraná el «Palacio Bergoglio» de cuatro pisos, donde vivían los cuatro hermanos), y mis abuelos y papá podaron en la calle. Menciono esto acontecimiento porque fue el P.Pozzoli quien los presentó a una nersona, quien les facilitó un préstamo de 2.000 pesos, con los cuales mis abuelos compraron un almacén en el barrio de Flores (...). Esto muestra la preocupación del P.Pozzoli por «sus» muchachos, cuando pausaban por alguna mala situación(...). Nos bautizó a todos menos a mi hermano el segundo, porque (en enero-febrero de 1938) el P.Pozzoli estaba en Usuahia.

UNA CONFESIÓN «DE CHIRIPA»

Tuvo una intervención decisiva en 1955, cuando el asunto de mi vocación. El 21 de septiembre de 1954 me voltearon del caballo. Conocí al P. Carlos B. Duarte Ibarra, en Flores (mi parroquia), me confesé con él «de chiripa»... y allí –sin estar yo en el telonio como el santo del día– me esperaba el Señor «miserando et eligendo». Allí no tuve dudas de que debía ser sacerdote. La vocación la había sentido por primera vez en Ramos Mejía, durante mi sexto grado, y la hablé con e1 famoso «pescador» de vocaciones, el aadre Martínez, SDB. Pero luego comencé el secundario, y «chau!!». Estudiaba química en el Industrial y solía pasar largas temporadas (sobre todo en verano) en casa de mis abuelos maternos en la calle Quintino Rocayuva (...).

OPOSICIÓN

Pero en septiembre del 54 arde Troya y empiezo una seria dirección espiritual con el P. Duerte Ibarra, quien moriría en el Hos­pital Militar, asistido por el P. Aristi, Sacramentino, el año siguiente. No dije nada en casa hasta noviembre de 1955: ese año terminaba el Industrial (eran seis años) y me recibía de técnico químico. En casa no ven la cosa. Eran católicos prácticos... pero preferían que esperara algunos años, estudiando en la Universidad. Como yo veía en qué iba a terminar el conflicto, lo fui a ver al P.Pozzoli y le conté todo. Examinó mi vocación. Me dijo que rezara, y lo dejara en manos de Dios. Me dio la bendición de María Auxiliadora (...).

UN AS EN LA MANGA

Por supuesto, en casa surge la idea por qué no consultemos al P. Pozzoli. Y yo, con mi mejor cara, dije que sí. Recuerdo todavía la escena. Fue el 1 de didiembre de 1955. Papá y mamá cumplían 20 años de casados. El festejo consistió en una misa (sólo mis padres y los cinco hijos) en la Parroquia San José de Flores. El celebrante sería el P.Pozzoli. Terminada la misa, papá invita a tomar desayuno en la confitería La Perla de Flores (...). Papá pensaría que el P.Pozzoli no aceptaría porque le preguntó si podía, pero el P.Pozzoli (que sabía el negocio que se iba a tratar) aceptó sin más. ¡Qué libertad de espíritu para ayudar en una vocación! Y en la mitad del desayuno se plantea el asunto. P. Pozzoli dice que está bien lo de la Universidad, pero que las cosas hay que tomarlas cuando Dios quiere que se tomen... Y empieza a contar historias diversas de vocaciones (sin tomar partido), y finalmente cuenta su vocación. Cuenta cómo le propone un sacerdote ser sacerdote, cómo en poquísimos años lo hacen subdiácono, luego diácono y sacerdote... cómo se le dio lo que no esperaba...

CONVENCIDOS

Bueno, a esta altura «ya» mis padres habían aflojado el corazón. Por supuesto que el P. Pozzoli no terminó diciendo que me dejaran ir al seminario ni exigiéndoles una definición... Simplemente se dio cuenta de que tenía que «ablandar», lo hizo... y el resto se dio como consecuencia, eso era muy propio de él: «Una de cal y otra de arena», dirían los españoles. Uno no sabía dónde quería llegar... Pero él sí: y generalmente no quería llegar a un punto donde se le reconociera que «había ganado». Cuando «olía» que ya lograba lo que quería, se retiraba antes de que los otros se dieran cuenta. Entonces la decisión surgía sola, libremente de sus interlocutores. No se sentían forzados... pero él les había preparado el corazón. Había sembrado, y bien... pero le dejaba a los demás el gusto de la cosecha.

SER RELIGIOSO

Entré en el seminario én 1956. En agosto de 1957 me agarra una pulmonía. Estoy a las puertas de la muerte. Luego me operan del pulmón, El P. Pozzoli me visita en la enfermedad. Durante el segundo año de seminario había madurado la vocación religiosa. De tal modo que una vez curado, en noviembre, ya no vuelvo al seminario y pretendo entrar en la Compañía. Hablo el asunto con el P.Pozzoli, él examina la vocación y da vía libre. Son frecuentes mis visitas al P. Pozzoli y al camarín de María Auxiliadora. Pero el P. Pozzoli está preocupado por el tiempo que debo permanecer en mi casa hasta marzo, en que entraré al noviciado. No le gusta tanto tiempo fuera... y menos. Tiempo de vacaciones. No sé cómo se las arregla, pero habla con el Inspector y logro que me inviten a pasar las vacaciones con los clérigos en Tandil. El P. Grosso era el director. En Tandil conocí buenos clérigos... Uno de ellos era el P. Wenceslao Maldonado... En marzo entro en el Noviciado.

DOBLE DESPEDIDA

Hay dos momentos, en mi relación con el P. Pozzoli, que me dan tristeza cuando los recuerdo. Uno es la muerte de papá, el 24 de septiembre de 1961. El P.Pozzoli viene al velorio y quiere sacar una foto de papá con sus cinco hijos... A mí «me da vergüenza», y con esa suficiencia de los jóvenes me las arreglo para que la cosa no se dé. Creo que el P. Pozzoli se dio cuenta de mi postura, pero no dijo nada. Pensar que en menos de un mes él moriría... La segunda ocasión fue a raíz de su muerte. Pocos días antes lo visito en el Hospital Italiano. Está dormido. No dejo que lo despierten (en el fondo me sentía mal, y no sabía qué le diría). Salgo de la habitación y me quedo charlando con un padre que está allí. Al rato sale otro Padre de la habitación y avisa de que el P. Pozzoli se despertó, que le avisaron de mi visita, y pide que si todavía estoy, que entre. Yo digo que le digan que ya me fui. No sé qué me pasó, si era timidez o qué...Yo tenía 25 años y cursaba el primer año de Filosofía... Pero le aseguro, P. Bruno, que si pudiera «rehacer» ese momento lo haría. Cuántas veces he sentido honda pena y dolor por esa «mentira» mía al P. Pozzoli en el momento de su muerte. Son de esos momentos (pocos quizá) de la vida, que uno quisiera tener la oportunidad de vivirlos de nuevo para comportarse de otra manera.

EL SENTIDO COMÚN

Era el Rey del sentido común. Me contaron una anécdota de sus últimos días. El Padre encargado de las «intenciones» de las Misas le fue a preguntar cuántas había celebrado ese mes (parece que el Padre sería algo escrupuloso), y dicen que el P. Pozzoli lo miró, y con la mano, llevándosela a la cabeza con los cinco dedos unidos en el extremo hizo un gesto, como diciendo: «por favor...». Sabía ubicarse en la realidad. Cuando algo era excéntrico solía rascarse con los cinco dedos la tonsura, y decía «¡canastos...!». Por otra, parte parecería que éste era el único gesto de impaciencia que hacía. Pero su sentido común aparecía en todos los consejos que daba. Al menos, esa es mi experiencia.

LA HUELLA

¿Cuál fue la huella que dejó el P. Pozzoli? En primer lugar recurro a mi experiencia familiar. Si en mi familia hoy se vive seriamente en cristiano es por él. Él supo poner y hacer crecer fundamentos de vida católica. Hay vocaciones; mi primo hermano Julio Picchi; mi sobrino José Luis (jesuíta) y mi sobrina María Inés (Esclava del Sagrado Corazón): ambos hijos de mi hermana; yo... y entre los demás sobrinos, que son menores, hay inquietud vocanional. Además los cinco hermanos que somos nosotros tenemos una vida piadosa, y esa piedad fue cultivada por el P. Pozzoli a través de los consejos y orientaciones a mis padres.

Cuando nos reunimos los hermanos siempre sale alguna conversación sobre el P. Pozzoli: es una referencia que llevamos dentro, y mis sobrinos (ninguno lo conoció) saben quien fue el P. Pozzoli. Él supo consolidar la fe y la piedad en ese grupo de jóvenes que ayudaba en su vida cristiana. Metía a fondo la devoción a María Auxiliadora. También a San José. Usted puede consultar a José Bonnano, a alguno de los Pedretti, a Mago, a Juan Carlos Ghio... Todos le dirán cosas del P. Pozzoli. Creo que vale la pena consultarlos mientras estén vivos.

El año papado celebré la Misa de los 40 años de matrimonio de Juan Carlos Ghio (vive en la calle Cabildo), y –antes de la Misa– en una breve conversación surge la referencia al P. Pozzoli, como a quien le debe tanto en su vida. En fin, dejó herencia espiritual. Fue un operario del Reino de Dios. Otro que conoce muchas cosas del P.Pozzoli es Mons. Picchi: creo que fue él quien lo mandó al aspirantado.

REPASO VITAL

Bueno P. Bruno, voy dejando. Siento que hoy he cumplido sencillamente con mi deber. A mi edad uno comienza a aceptar que la vida, «le pase la cuenta», es decir que le vaya señalando las peronas que lo ayudaron a vivir, a crecer, a ser cristiano, sacerdote, religioso... Y, al reconocer el bien que me han hecho tantas personas, voy gustando cada día más el gozo de ser agradecido. Con el P.Pozzoli me pasa esto. Todos los días (sic!!) lo nombro en el oficio divino cuando rezo por los difuntos... Y créame que gozo con este sentimiento de gratitud que me regala el Señor.

Gracias por su paciencia. En Córdoba, 20 de octubre de 1990. Afmmo., en nuestro Señor y Su Santísima Madre

JORGE MARIO BERGOGLIO, S.J.

El detalle

25 DE DICIEMBRE, UNA FECHA ESPECIAL

Sabemos poco de la relación del Santo Padre con su familia, sólo que heredó de su padre su pasión por el fútbol y que su madre era ama de casa. Gracias a esta carta facilitada a «L'Osservatore Romano» por el Archivo histórico Salesiano de Buenos Aires, podemos descubrir más detalles de cómo eran los Bergoglio. La carta sale a la luz en fechas próximas al 25 de diciembre porque ese mismo día, hace 77 años, fue bautizado el actual Papa.