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El violento cisma del Islam

El origen de la división entre chiíes y suníes data de la muerte de Mahoma, en el año 632. Lo que empezó como una disputa por el liderazgo se convirtió con los siglos en un cisma con ramificaciones en todo el mundo

El origen de la división entre chiíes y suníes data de la muerte de Mahoma, en el año 632. Lo que empezó como una disputa por el liderazgo se convirtió con los siglos en un cisma con ramificaciones en todo el mundo.

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La compañía nacional de teatro de Irak puso en marcha en 2012 una particular representación de «Romeo y Julieta». En esta versión, los Capuleto eran chiíes y los Montesco, suníes, y no estaba en liza el control de Verona, sino el rumbo de una barca en aguas del río Tigris. Una metáfora perfecta para traer al presente un cisma vigente desde el año 632, cuando Mahoma muere sin herederos (sus dos hijos varones habían sido asesinados) y hay que decidir quién se pone al frente del asunto. Los dos grandes grupos que dominan el Islam actual se separaron por diferencias irreconciliables y sangrientas sobre quién debía ser el sucesor. Los chiíes, cuyo nombre proviene del término Chiat Ali (el partido de Ali), defendían que fuera el yerno y primo del profeta quien ocupara su lugar por ser de la misma familia. En este momento, apenas llegan al 20% de los fieles. Frente a ellos, los suníes (la Sunna es la colección de enseñanzas de Mahoma) eran partidarios de que el legado lo recogieran sus compañeros espirituales. Mucho más numerosos, en la actualidad, los suníes suponen más del 80% de los musulmanes.

Con el paso de los siglos y con varias matanzas de por medio, esta sima se fue haciendo mucho más honda y se acentuaron las diferencias, tanto desde el punto de vista religioso como político. Los dos grandes países que hoy son la punta de lanza de sus respectivas comunidades, Irán (chií) y Arabia Saudí (suní wahabí), mantienen una relación de enemigos irreconciliables con ramificaciones en todo el mapa de Oriente Medio. En ocasiones, las diferencias se dirimen directamente a cañonazos, como en el conflicto de Yemen, Irak o Siria, pero hasta ahora la guerra ha sido por poderes y ambas naciones han evitado un choque frontal que bien podría terminar con la destrucción mutua. Aunque ninguno cuenta con un arsenal nuclear, Irán está cada día más cerca ante el recelo de Riad, cuya principal arma es el respaldo de EEUU. En cualquier caso, el de-sequilibrio numérico es apabullante. Los chiíes solo cuentan con el régimen iraní como nación propia y son muchos los gobiernos que los marginan por considerarlos una amenaza a su hegemonía.