La JMJ empieza hoy

La Razón
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Domingo. Son las 6:15. Primeras pruebas de sonido. A micrófono abierto. Con gorgoritos incluidos. Un par de canciones, incluida la banda sonora de «La vida es bella». Parece la voz de Noa. Solo parece. El sol obliga también a despertar. Salvo quienes tienen callo en esto de las JMJ y han pasado la noche protegidos con bolsas de basura, los demás han amanecido mojados por el rocío. Basta media hora para que casi todo el Campus de la Misericordia se ponga en marcha. Colas en los baños. De camino, unas scouts desayunando. Todavía se escucha algún ronquido. Ya hay sacerdotes confesando. Grupos rezando laudes. Solo cuando se escuchan algunas de las canciones que hizo popular la película Sister Act se ve que la mayoría se ha desperezado y alguno se lanza a bailar.

Arranca la última jornada de la JMJ con los ojos hinchados y calor. No son las diez de la mañana y los peregrinos improvisan sombras como pueden. Todo vale. Desde un palé que servía para transportar agua como el plástico que ha servido de aislante durante la noche.

Silencio para la eucaristía. Evangelio de Zaqueo. Francisco ejerce de terapeuta y busca acabar con los complejos a los jóvenes que les escucha. Si el publicano era bajito y eso le impedía ver a Jesús, el Papa sabe que los chavales de hoy acumulan complejos y miedos, falta de autoestima. «Ante Dios nada vale la ropa que llevas o el móvil que tienes. No le importa si vas a la moda, le importas tú. A sus ojos vales y lo que vales no tiene precio». A partir de ahí Francisco les invita regresar a sus casas, a su vida huyendo de ser anestesiados, del «dopping» del éxito, del «maquillaje» del alma.

Ni para el Papa ni para la Iglesia tiene sentido reunir a un millón largo de jóvenes en una explanada si mañana vuelven como llegaron a Cracovia. Por eso Bergoglio subrayó que «comienza hoy y continúa mañana». Y les hizo un encargo: añadir a Jesús en sus contactos de Whastsapp para chatear cada día con él en la oración. El Evangelio, como navegador. La misericordia convertida en página de inicio.

Aplausómetro disparado. Cada cual coge su mochila. Comienza el regreso. En tres horas se desaloja el Campo de la Misericordia. Francisco, de vuelta a Santa Marta. En un par de días la Plaza del Mercado de Cracovia retomará sus turistas habituales, que no son pocos. Fin de la JMJ de Polonia. Rumbo a Panamá. Con canal a estrenar. El que sirve de puente entre dos mates. Pero antes, toca vivir la JMJ de cada Zaqueo, la JMJ en la facultad, la JMJ del trabajo, la JMJ del fin de semana.