Modelo de bien o de mal

La Razón
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«Un modelo para el bien o para el mal», así ha calificado el Papa a los miembros de las selecciones de Italia y Argentina, a los que ha recibido con motivo del partido amistoso jugado en su honor. Y el Papa tiene razón. Basta con recordar el impacto mediático de la falsa foto de Messi con la bailarina, o el daño que han hecho los escándalos de algunos deportistas –no sólo de fútbol– por su implicación en consumo de drogas o en amañar partidos a cambio de dinero. Los deportistas son hoy, sobre todo para los jóvenes, un modelo a seguir; si ese modelo está corrompido, si la imagen que dan es la de gente que sube como la espuma por sus condiciones y habilidades físicas, pero que luego se deja llevar y termina degradándose a sí mismo, no cabe duda de que eso será muy negativo. Si, por el contrario, muestran el ejemplo de una vida familiar coherente, de un uso responsable y solidario del dinero que ganan, ese impacto será muy positivo. Es verdad que ellos pueden alegar que no son monjes o que su misión no es la de servir de ejemplo de nadie, sobre todo cuando otros –como los políticos– no lo hacen. Pero hoy más que nunca todo está relacionado y, nos guste o no, nos resulte cómodo o complicado, no podemos eludir la responsabilidad que generan nuestros actos. Vivimos todos, incluidos los deportistas –y más aún ellos– en una casa de cristal. Y esto sucede, por si fuera poco, en un mundo hipercomunicado, donde el interés por los más mínimos detalles de la vida ajena raya a veces en lo morboso. Si hay que mejorar las cosas, los deportistas tienen una posibilidad de oro para hacerlo. Eso sí que sería ganar el mejor trofeo.